Si practicas
algún deporte puedes seguir haciéndolo
siempre que no suponga un gran esfuerzo o un
riesgo. Aunque tengas la misma agilidad que
antes, recuerda que estos meses son
esenciales para la correcta implantación del
óvulo fecundado.
Si vas al gimnasio consulta con tu
preparador para que adapte el ejercicio a tu
estado. Ponte en manos de preparadores
especiales en gimnasia prenatal y consulta
cualquier duda sobre tu actividad física al
ginecólogo.
Si vas a comenzar algún tipo de ejercicio,
debes empezar suavemente y controlar el
ritmo cardiaco (no sobrepasar los 120
pulsaciones por minuto). Procura comenzar
con un ejercicio que no suponga un gran
esfuerzo como andar una hora diaria al aire
libre. La gimnasia acuática ayuda a prevenir
y paliar los dolores de espalda. El estado
de ingravidez alivia la presión sobre las
articulaciones y facilita la práctica de los
ejercicios. Además, tiene un mínimo riesgo
de lesiones.
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Lo que no tienes que
olvidar...
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No
te fatigues en exceso, recuerda
que una embarazada no tiene las
reservas energéticas habituales.
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Reduce el ritmo si notas que te
falta oxígeno. No continúes sin
haber descansado lo suficiente.
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Procura incrementar las calorías
en forma proporcional al gasto
físico que te suponga la
práctica del deporte.
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Bebe
suficiente agua durante el
ejercicio y también después para
mantener un buen grado de
hidratación.
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