Las mujeres
llegan a obsesionarse con la llegada de
la menstruación, hasta el punto de ir
continuamente al baño para comprobar que no
ha bajado o estar pendientes del más mínimo
dolor que, según ellas, puede ser señal de
embarazo.
Por otra parte, todo lo relacionado con
niños, como bautizos, comuniones, cumpleaños
de los hijos de amigos o familiares, se
convierten en situaciones indeseadas.
Lo mismo ocurre con las conversaciones sobre
embarazos o niños o el encuentro con mujeres
embarazadas.