Las ventajas del
ultrasonido fueron demostradas por Zichi en
1987 y llevadas a la práctica por Maxwell en
1996: las ondas ultrasónicas actúan
selectivamente rompiendo la membrana celular
de los adipocitos y vaciando la grasa
líquida que contienen.
Las estructuras de mayor densidad como
colágeno, muros celulares, trama
intercelular, etc, permanecen intactos,
contribuyendo a dejar una superficie más
regular.
La grasa que se extrae es líquida y no en
forma granulada.
La retracción cutánea es mucho mejor por la
estimulación biológica que los ultrasonidos
ejercen en la cara profunda de la dermis.
Por eso es especialmente recomendable en
zonas como el vientre y la cara interna del
muslo, donde suele haber exceso de piel.
Dado que no se tocan venas, ni nervios, se
puede tratar con más seguridad zonas como la
espalda.
El médico no ha de romper ninguna
estructura, lo que implica una menor pérdida
de sangre, con lo que se pueden tratar zonas
mucho más amplias, sin pérdida hemática
importante.