Los resultados
dependen de la calidad cutánea del paciente,
que si no es excesivamente buena, puede no
tener la capacidad suficiente para adaptarse
a un volumen más reducido, dando lugar a la
flacidez.
La apariencia final de la zona tratada
depende en gran medida del grosor de las
cánulas y de la profundidad a la que se
trabaje, ya que las cavidades que se
practican para la extracción pueden dar
lugar a depresiones, surcos o
irregularidades en la piel.
El médico debe romper la
fibrosis de la celulitis y los nódulos
grasos que la componen. La intervención
entraña la ruptura de capilares y tabiques
dérmicos, por lo que la grasa extraída sale
mezclada con sangre y en forma de granos de
arroz.
La extracción de
hemoglobina que conlleva impide sustraer
grandes cantidades de grasa y por ello, las
operaciones se realizan sobre acumulaciones
localizadas. Así, 1 litro de grasa está
asociada más o menos a 200 o 300 cms de
sangre y por ello, no se debe eliminar más
de 2 litros de grasa.
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