A partir de la
menopausia, son mucho menos frecuentes las
crisis. De hecho, la edad media de inicio de
los episodios es a los 17 años y la mayoría
de los afectados son personas menores de 50
años. ¿La razón? La migraña requiere
arterias jóvenes, capaces de contraerse y
dilatarse con facilidad. Es lo contrario de
lo que ocurre con la arteriosclerosis
-endurecimiento de las arterias-, un
problema no relacionado con la migraña, pero
cuya incidencia aumenta a partir de los 50
años.
Componente hereditario. Si
ambos padres son migrañosos, las
probabilidades que tiene una persona de
serlo ascienden hasta el 70 por ciento. Si
sólo lo es uno de los progenitores, ese
porcentaje desciende al 45. Si el único
antecedente es un familiar no directo, baja
al 30 por ciento. Y si no hay antecedentes,
el porcentaje no pasa del 20. ¿Y cuándo se
inician las migrañas? Siete de cada diez
afectados reconoce uno o varios elementos
como desencadenantes de sus crisis. Los
otros tres no son capaces de identificar
ningún factor en concreto. Los más citados
son:
Cambios en el ritmo del sueño (tanto dormir
poco como en exceso).
El estrés.
La menstruación. El 40 por ciento de las
mujeres cita la regla como factor.
Estímulos sensoriales: luz cegadora, ruidos
fuertes, malos olores, el sol...
Esfuerzo físico intenso.
Altitud (debido a la pobreza de oxígeno del
aire).
Cambios del tiempo relacionados con la
ionización positiva del aire. Ésta suele
darse al bajar la presión atmosférica que
precede a un empeoramiento del clima.
Ciertos alimentos y el alcohol: el
chocolate, el queso curado y el vino tinto
(contienen tiramina, un aminoácido de efecto
vasodilatador); aditivos, como el glutamato
(frecuente en los platos de comida china) y
los nitritos (que dan su aspecto rosado a
salchichas y otros embutidos); el ayuno
prolongado.