En sus primeras
etapas, la resonancia magnética se utilizó,
primordialmente, en la espectroscopía una
ciencia que trata sobre la energía que se
transporta entre diferentes masas ante los
fenómenos llamados cambios químicos. Cuando
los investigadores se dieron cuenta de que
un núcleo atómico cambiaba su resonancia (la
energía que emite) en diferentes entornos,
la resonancia magnética se convirtió en una
poderosa herramienta analítica.
En 1967, el
primero en aplicar los descubrimientos de la
espectroscopía en organismos vivos fue
Jasper Jackson. Hacia 1972, en la
Universidad Estatal de Nueva York, Paul
Laterbur probó que era posible utilizar
estos hallazgos para producir imágenes. Este
científico logró, inicialmente, crear una
imagen de los protones en una muestra de
agua. Después, obtuvo reproducciones de
limones, pimientos, animales y, finalmente,
¡seres humanos vivos!.