El dolor
de espalda aparece y se mantiene mediante un
mecanismo neurológico:
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Se activan unas
fibras nerviosas concretas -conocidas
como Ad
y C, o "sensibles a la capsaicina" o
"nervios del dolor"-.
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Su
activación causa dolor y desencadena
inflamación y contractura muscular.
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Se
constituye un círculo vicioso porque la
inflamación y la contractura muscular
mantienen activados los nervios del
dolor.
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Existen estudios
científicos que demuestran que si la
activación de las fibras Ad-C
dura el tiempo suficiente, se ponen en
marcha mecanismos bioquímicos que pueden
perpetuar su activación indefinidamente.
En esa situación, el dolor se mantiene
aunque desaparezca la causa que
inicialmente lo desencadenó.
Este
mecanismo neurológico que causa el dolor, la
inflamación y la contractura muscular:
Puede ser
desencadenado por alguna lesión
estructural. Por ejemplo, cuando se
produce una hernia discal se activan los
nervios del dolor que están en las capas
externas del disco al entrar en contacto
con las sustancias que están en su
interior. En este caso, una Resonancia
Magnética permitiría ver la rotura de la
envuelta fibrosa y precisar la causa del
dolor.
Pero también
pueden desencadenarse sin lesión
estructural. Por ejemplo, el
mantenimiento de una postura incorrecta
puede sobrecargar un grupo muscular y
provocar su contractura, excitando los
nervios del dolor que lo inervan. Si la
musculatura del paciente es insuficiente
o asimétrica, la sobrecarga puede
mantenerse mucho tiempo o repetirse
periódicamente. En este caso, ninguna
exploración radiológica permitiría ver
la lesión que causa el dolor.
Son causas
aceptadas de dolor de espalda:
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Las fisuras,
protrusiones o hernias discales cuando
permiten el contacto del núcleo pulposo
con los nervios del dolor situados en la
envuelta fibrosa
-
Las
degeneraciones importantes de la
articulación facetaria..
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Las
contracturas musculares, desencadenadas
por sobrecargas posturales, esfuerzos o
alteraciones de la forma de la columna
vertebral. En este último supuesto se
incluye la escoliosis de más de 60
grados.
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La
compresión de una raíz nerviosa, por
ejemplo por una hernia discal, una
estenosis espinal o una
espondilolistesis de grado III o IV.