Zaragoza fue, en
tiempos antiguos, Cesarea Augusta, y ya por
entonces encandilaba a los numerosos
visitantes que se acercaban a uno de los
pulmones de la España de antaño. Por
entonces, ya era una bella ciudad situada a
orillas del Ebro, de hermosas casas de
ladrillo y con numerosas iglesias. El
célebre escritor Benito Pérez Galdós también
quedó maravillado de sus barrios, sobre todo
el de las Tenerías, del que dijo "traía a la
imaginación los recuerdos de la dominación
arábiga. La abundancia del ladrillo, las
ventanuchas con celosías, la completa
anarquía arquitectural, aquello de no
saberse dónde acababa una casa y empezaba
otra".
Un recuerdo, el
de Galdós, que ha traspasado los siglos,
aunque de estas palabras sólo se aprecia, en
la actualidad, la veracidad en los barrios
antiguos, el de las estrechas callejuelas y
hermosos palacios renacentistas, las
numerosas torres mudéjares, las catedrales y
las recoletas plazas.
Todo itinerario
por Zaragoza debe comenzar por la Plaza de
Aragón, actual centro geográfico de
Zaragoza, donde se encuentran los edificios
de la facultad de Medicina y de Capitanía.
También se encuentra el patio de la Infanta,
que tiene un encanto especial. Hacia la
Plaza de España, por el Paseo de la
Independencia, se encuentra una de las
visitas imprescindibles, la iglesia de Santa
Engracia, toda una joya del Renacimiento y
en cuya cripta se encuentran sepulcros
paleocristianos de los Innumerables
Mártires.
El bullicio y el
calor del risueño carácter maño se
encuentran en el Coso, una de las calles de
mayor tradición de la ciudad y toda una
arteria del barrio antiguo. Muy cerca se
encuentra otra joya de esta ciudad, el
palacio renacentista de los Condes de Luna,
que hoy es la Audiencia, con patio y
artesonados típicos de la arquitectura
aragonesa. Otro centro de actividad es el
Mercado Central, visita indispensable donde,
además, se pueden encontrar algunas delicias
de su gastronomía.
Hacia la
Plaza del Pilar
Antes de llegar a la visita imprescindible a
uno de los tesoros de la capital aragonesa,
vale la pena admirar el pasado de esta
ciudad, las murallas romanas, cerca del
Mercado, además del torreón de la Zuda,
auténtica atalaya del río Ebro.
En la Plaza del
Pilar los visitantes se pueden pasar horas
ante el conjunto arquitectónico del que
tantas veces se ha hablado al referirse a
Zaragoza. Y no es para menos, ya que se
concentra desde la Basílica, donde se
encuentra el valioso retablo de Damián
Forment, además del palacio de la Lonja y la
catedral de La Seo, con la imperante huella
del gótico en su interior, barroco en el
coro y mudéjar en la fachada de su lateral
derecho.
El interior de
la Seo merece un capítulo aparte, sólo por
la belleza del retablo gótico del altar
mayor, producto del arte de Juan de Suabia y
Pere Johan, además de los más de setenta
tapices franceses y flamencos de la Seo,
tejidos en Arras y en Bruselas, además de
bocetos de Goya y Bayeu, ideados para las
cúpulas del Pilar.
Iglesias,
palacios y torreones
Detrás de la Seo se encuentra el Arco del
Deán, de bella factura gótica, justo el
comienzo de un recorrido de callejuelas que
encandilarán al visitante, por su
tranquilidad y la cantidad de antiquísimas
tabernas para tomar un aperitivo, como buen
ejemplo es el conocido Mesón de Faustino. De
la belleza de las torres mudéjares que
guarda Zaragoza merece la pena la de Santa
Magdalena.
Cerca de la
Plaza de San Miguel, hay un enfrentamiento
arquitectónico de mucha fuerza. Por un lado,
la iglesia barroca del Seminario de San
Carlos; por otro, la Casa de los Morlanes,
palacio renacentista con singulares
balcones.
Otras visitas de
interés son la iglesia de San Gil, el
palacio de Torrero, hoy sede del Colegio de
Arquitectos, así como el entrañable rincón
de la plaza de Santa Cruz, donde se
encuentra el palacio de los Pardo,
convertido en Museo Camón Aznar.
Otro rincón de
interés reside en la estrecha calle del
Temple, donde están el torreón de los Fortea
y el palacio de los Argillo, hoy museo
Gargallo, y la iglesia de San Felipe, con
las bellas columnas salomónicas.
El
palacio de la Aljafería
El palacio de la Aljafería es una de las
más importantes huellas del arte musulmán en
España. Del siglo XI, construido por la
familia Beni Hud, pasó por las más variadas
manos: desde los reyes de Aragón, para lo
que sufrió una reforma, hasta los Reyes
Católicos, renovado de nuevo, y
transformado, posteriormente, en sede de la
Inquisición y en cuartel de Infantería por
último. Es un palacio de enorme belleza que
guarda como una de sus joyas esta ciudad
situada a orillas del Ebro; un palacio
admirable por sus magníficos almocárabes,
sus capiteles cincelados, yeserías y
artesonados de casetones.