El pueblo recoge
la esencia austera pero, a la vez,
conmovedora de las villas de piedra, que se
pierden entre un extenso mar histórico,
salpicado por los característicos tonos
ocres de sus casas. El recogimiento de sus
gentes con la consabida paz que reina para
el visitante, contrasta notablemente con el
esplendor de sus fiestas, vestigio viviente
de un pasado glorioso. Mezcla perfecta de
descanso y colorido cultural, este pueblo
posee las características necesarias para
admirar un fino entramado de monumentos
históricos.
Establecer rutas
entre los distintos pueblos que forman la
comarca de las Cinco Villas, constituye una
de esas experiencias que dejan la profunda
mella de la admiración. El conglomerado
histórico de esta villa medieval, compuesto
por un ramillete armonioso de murallas,
castillos, casas e iglesias enclavadas en un
laberinto de calles que se entrecruzan
rítmicamente, como en un baile de
serpentinas que danzaran, fue declarado en
1968 Conjunto Histórico-Artístico.
Aquí nació, en
1450 o 1452, el rey Fernando el Católico,
marcando al pueblo con la gloria
imperecedera de los grandes lugares, ruta
inexcusable de visita para el amante de las
tierras con solera. No se puede, por menos,
que ensalzar la importancia de esta región
que ha recogido el esplendor de los grandes
reinos españoles. En este palacio se
alojaban el rey don Juan y la reina doña
Juana Enríquez. Asimismo, es el soberbio
vestigio del nacimiento de un monarca, que
abarcaría con su reinado la grandilocuencia
imperial de un dominio mundialista.
En una de las
dependencias interiores hallamos, sobre
azulejos, una inscripción en este sentido.
El palacio es uno de los edificios más
importantes y señoriales del pueblo.
Construido en piedra sillar, está rematado
por almenas. Junto a él, se erige la iglesia
de San Martín, que fue antaño la capilla
privada del palacio. A ella el turista podrá
acceder a través de un corredor desde la
calle, o desde la planta baja del palacio.
Posee una nave con techo fabricado en
madera, sobre el cual contemplamos restos de
pinturas murales. Tanto el palacio como la
iglesia fueron declarados Monumento Nacional
en el año 1925. En este recinto se
iniciaría, prácticamente, el asentamiento de
la cultura española, de su sentido a nivel
mundial. El palacio se levanta en una
plazoleta, justamente como si floreciera en
el centro de un enmarañado complejo de
callejuelas medievales. Aún guarda una
capilla románica de exquisito preciosismo.
Fue modificado en los siglos XVI y XVII.
Arte
en estado puro
Si dirigimos nuestra mirada hacia la parte
alta del pueblo, encontraremos los restos de
un castillo que, en su época, tuvo fuertes
connotaciones de defensa territorial, además
de la iglesia de San Esteban. En ella, es
importante mencionar la antigua pila
bautismal, aparte de sus capiteles labrados
con una impresionante percepción del
detalle. Sobre dos de los ábsides de la
cripta, podemos admirar distintos frescos
del gótico lineal que datan del siglo XIII,
huella inequívoca de la grandeza
expansionista del cristianismo que, todavía,
se tendría que expansionar con el reinado
del hijo predilecto de Aragón. Esta iglesia,
construida por García Garcés, fue ampliada
con posterioridad en los siglos XII y XVI.
Son muy
aconsejables las espléndidas vistas del
paisaje, que se contemplan desde el castillo
y la iglesia. La Lonja, con su célebre
arquería gótica, el convento gótico de los
carmelitas edificado en el siglo XVI, o el
Ayuntamiento construido en el siglo XVI, son
otros ejemplos esenciales de la
magnificencia del lugar. Colindando con
ellos hallamos la plaza mayor. Como interés
turístico, resaltar igualmente el mercado
del pueblo que cobra vida los viernes de
cada semana, con una honda significación
ancestral. Las fiestas de San Esteban,
celebradas en la tercera semana de agosto,
realzan el valor de uno de los pueblos más
célebres del panorama turístico nacional. El
Parador Nacional Fernando de Aragón o la
Fonda Fernandina son lugares de
extraordinario interés.
Del mismo estilo
que la iglesia de San Esteban, es la ermita
de Santa Lucía que se encuentra en los
alrededores del pueblo. Debido a la
trascendencia del lugar, se alzan numerosos
edificios religiosos como el monasterio
Valentuñana, que data del siglo XVII y en el
que podemos contemplar un retablo de madera
dorada del mismo siglo, así como las ermitas
de San Nicolás de Ceñito, de la Virgen de
Senín o la de Santa Fe. Por su parte, la
arquitectura civil goza de un notable
prestigio. Del siglo XVI es la afamada Casa
Consistorial, y del XVIII, la casa de
Isidoro Gil de Jasa. Estas mansiones
señoriales están adornadas por escudos
nobiliarios y ventanas germinadas. Como
medida de protección se edificaron dentro
del reducto amurallado. A ellas se accedía a
través de un portalón principal,
característico de las creaciones
arquitectónicas del medievo.