Santander es una
ciudad idónea para pasear gozando de los
panoramas paisajísticos que la adornan,
recorriendo los múltiples espacios verdes de
que dispone o disfrutar, en verano, de
alguna de sus once playas urbanas, algo
realmente excepcional dentro del panorama
turístico español.
Nacida en 1755
como ciudad eminentemente comercial, apoyada
en el tráfico marítimo con las Américas, la
evolución social de sus habitantes encontró
en la inspiración lírica de sus poetas, en
las descripciones de sus novelistas, en la
paleta de sus pintores y, últimamente en las
imágenes de sus cineastas, una fórmula capaz
de conciliar la vocación moderna con el
respeto hacia lo clásico, lo intelectual con
lo popular, el futuro con el pasado.
Santander, por
los dones que la naturaleza le ha
proporcionado y el paulatino crecimiento
propiciado por sus habitantes, es una ciudad
acogedora, amable, donde la vida transcurre
sin sobresaltos y con un sentido distinto
del tiempo y las cosas.
La
bahía
Desde la Bahía de Santander, considerada una
de las más bellas del mundo, el paisaje es
impresionante, especialmente cuando el
viento sur la azota, mostrando, en este
momento, toda la fuerza de su belleza. Junto
al Palacete del Embarcadero, en la Bahía, se
encuentra el lugar desde el que zarpan
constantemente lanchas que la cruzan hasta
llegar a las playas del Puntal y de Somo,
permitiendo contemplar una vista
espectacular de Santander. Estas playas,
situadas casi en medio del mar, conservan
una gran reserva natural que las hace
especialmente atractivas.
Santander es una
completísima ciudad de vacaciones. Los
amantes del mar tienen en El Camello y La
Magdalena (de aguas tranquilas), El
Sardinero (concurrida y con oleaje medio) y
Mataleñas (rústica y deportiva) tres
variantes diferentes de playa que pueden
ampliar con sólo desplazarse unos kilómetros
en coche a Liencres o a Soto de la Marina o
un cuarto de hora en barca al Puntal.
Quienes busquen animación nocturna, tienen
en el Casino del Sardinero la oportunidad de
crecer o menguar su fortuna y en la vecina
calle Panamá un rosario de discotecas.
Continuando el
paseo por el muelle, recientemente
reformado, se puede acceder al Paseo de
Pereda, una de las calles más emblemáticas
de la ciudad que cuenta con innumerables
edificios de gran belleza arquitectónica. Al
llegar a Puertochico, donde se encuentra el
Puerto de Recreo, se observa claramente cómo
todavía se mantiene la tradición pesquera
que existe en la ciudad.
La
Península de La Magdalena
Entre el núcleo urbano y El Sardinero, se
extiende un hermoso saliente de tierra
asentado entre playas: la Península de la
Magdalena. Un espacio natural privilegiado
en cuyo alto se erige el Palacio real,
elegante residencia de verano que el pueblo
de Santander regaló al monarca Alfonso XII a
principios de siglo y que éste convirtió en
capital del reino durante el estío. El
palacio, recuperado por el municipio, es
sede en la actualidad de los prestigiosos
cursos que organiza la Universidad
Internacional Menéndez Pelayo. Además, sus
instalaciones sirven de marco idóneo para la
celebración de congresos. Su apreciable
entorno, que acoge un mini-zoo y un parque
público con abundante arbolado, compone,
frente al mar Cantábrico, la más típica
estampa santanderina.
Las
huellas del pasado
A Santander se la localiza probablemente
como "Portus Victoriae", puerto romano de la
antigüedad, pero es en el siglo XI cuando
aparece la primera cita documental que da
cuenta de la existencia de la abadía de San
Emeterio. La arquitectura religiosa tiene su
mejor exponente en la catedral, levantada en
el siglo XIII. Su cripta, denominada capilla
de "El Cristo", es su monumento más antiguo.
Santander sufrió
un devastador incendio en 1941, que hizo
desaparecer gran parte de los edificios de
su casco antiguo, no obstante, conserva
notables muestras de arquitectura civil de
gran atractivo para los visitantes: el
pintoresco Paseo de Pereda, el majestuoso
Palacio Real de La Magdalena, el Gran Casio
de El Sardinero y el Hotel Real,
construcciones que recuerdan una época de
especial encanto; o más recientes, como el
Palacio de Festivales, de estilo
vanguardista.
La
catedral
El alto sobre el que se yergue la
Iglesia Catedral de Santander constituye el
último resto del antiguo cerro de
Somorrostro, elegido por los romanos para el
asentamiento originario de la actual ciudad.
Sus excepcionales condiciones estratégicas,
al ser entonces un promontorio casi
completamente rodeado por el mar, desde el
que se dominaba toda la bahía, determinaron
la continuidad de la presencia humana en
este enclave a lo largo de los siglos
medievales.
La concesión de
fuero a Santander en 1187, bajo la tutela
del abad de su iglesia, motivó un importante
desarrollo económico que permitió la
construcción del actual edificio
catedralicio, así como la del castillo de la
villa por su flanco de Poniente, la
consolidación de lo que más tarde se llamó
la Puebla Vieja y la construcción de nuevas
murallas que defendieran al conjunto de la
población y a su activo puerto.
La actual
catedral de Santander está formada por dos
iglesias superpuestas de estilo gótico. La
inferior, la presente parroquia del Cristo,
se construyó durante el primer tercio del
siglo XII; la superior lo fue durante el
resto de aquella centuria y ha sido
reconstruida en parte, y ampliada, después
del incendio sufrido por la ciudad en 1941.
El conjunto se completa con un claustro del
siglo XIV.
La que al
comienzo de la Edad Media fuera Abadía de
Sacti Emeterrii et Celedonii, y
posteriormente iglesia colegial de los
Cuerpos Santos, se convirtió en 1754 en
catedral de la nueva diócesis de Santander.
En torno a la
vieja abadía se creó, a lo lardo del periodo
medieval, un núcleo de población, San Ander,
que hoy es la actual capital de Cantabria.