Durante la Edad
Media, Peñafiel alcanzó un gran esplendor y
desarrollo. La villa medieval se convirtió
en un punto estratégico clave en la lucha
contra los musulmanes por su posición junto
al Duero. En el año 943 se segregó una
comunidad del denominado castillo de Penna
Fidele y de Sacramenia.
Posteriormente
pasó al Condado de Castilla y poco después a
Sancho Garcés que convirtió su castillo en
un importante puesto fronterizo. En la villa
nació el insigne D. Carlos, príncipe de
Viana.
En el siglo XV
pasó a propiedad de la Orden de Calatrava,
concretamente al Conde de Ureña, Pedro
Girón, que lo cedió a sus hijos
permaneciendo bajo la familia de los duques
de Osuna y marqueses de Peñafiel hasta bien
entrado el siglo XIX. El castillo de
Peñafiel es considerado como uno de los más
bellos ejemplares de toda la provincia y una
de las mejores fortificaciones del medievo
de los llamados castillos roqueros de
Castilla y León. Está emplazado en lo alto
de un cerro adaptado a la estructura del
terreno. Está construido en estilo ojival
germánico y presenta unas dimensiones
extraordinarias con más de 205 metros de
largo por 20 de ancho.
Su posición le
otorga un aspecto muy peculiar. Algunos
señalan que incluso se parece a un barco
anclado en medio de la gran meseta
castellana. Los especialistas señalan que
todavía existen restos de la primitiva
fortificación, allá por el siglo X. Fue
reformado a principios del siglo XI y más
tarde restaurado por Don Juan Manuel.
Durante el reinado de Juan II de Castilla,
en el siglo XV, fue de nuevo reformado.
Su torre del
homenaje es de planta cuadrada, tiene 34
metros de altura y consta de tres plantas.
Está flanqueado por dos patios que custodian
las caballerizas y guarniciones al sur. Al
norte se encuentran los almacenes y el
algibe. Fue declarado Monumento Nacional en
1917.