El Parque
Nacional de Ordesa y Monte Perdido conserva
algunos de los más bellos paisajes de las
montañas europeas, a la vez que alberga una
excelente muestra de los hábitats y seres
vivos típicos de los Pirineos.
Situado en la
provincia de Huesca, en pleno corazón de la
cordillera pirenaica, el territorio
protegido abarca 15.608 hectáreas. Su
orografía está dominada por el macizo del
Monte Perdido. A su alrededor, entre
escarpadas sierras, se abren los valles de
Ordesa, Añisclo, Escuaín y Pineta. En la
cara norte del macizo, a más de 3.000 metros
de altura, se localizan los glaciares del
Cilindro y del Monte Perdido. El agua y el
hielo son los principales agentes que han
modelado el paisaje de Ordesa, que cambia
inusitadamente de una a otra época del año.
Su belleza y espectacularidad no tienen
parangón con ningún otro rincón de las
montañas pirenaicas.
Alrededor del
Parque Nacional se extiende un paisaje
pirenaico humanizado. Los pueblos aparecen
como un desafío a las fuerzas de la
naturaleza que les rodean, la vida aquí
depende del respeto al entorno.
Fauna
En un lugar de tan abundante y de diversa
vegetación, con cursos de agua muy variables
y con humedad constante, existe una fauna
muy rica y variada. Entre los insectos hay
que citar una de las mariposas más bellas de
Europa, la "Graellsia isabelae"; entre los
anfibios, el tritón pirenaico, y entre los
reptiles, el lagarto verde. Las rapaces
están ampliamente representadas, destacando
el quebrantahuesos, objeto en la actualidad
de un plan de recuperación. En todos los
ríos abundan las truchas, donde también
encontramos el desmán de los Pirineos y la
nutria. Merece especial mención la cabra
montés, aquí llamada bucardo, único
representante de esta subespecie, en
competencia con el ágil sarrio.
Flora
La flora del Parque Nacional es muy rica,
debido, entre otras causas a la gran
diferencia de altitudes y a la evolución
geológica de las glaciaciones. En los valles
encontramos, principalmente, el pino
silvestre, la haya y el abeto. En Ordesa,
frío y húmedo, dominan los hayedos; en
Pineta, más árido, los pinares y, en Añisclo
y Escuaín, el bosque es submediterráneo,
compuesto por encinas y quejigos en las
partes altas y hayas, abetos y tejos en las
partes bajas. Por encima de los 2.000
metros, la vegetación existente es herbácea
y destacan las festucas, los tréboles
alpinos y la flor de las nieves, conocida
como edelweiss.
Problemática de conservación
Las razones que motivaron la declaración de
Parque Natural fueron la conservación
intacta de su paisaje, evitando la
desaparición de los bucardos. Por otra
parte, el aprovechamiento ganadero durante
unos meses al año, en las praderas del Circo
de Soaso, en la cabecera del Valle,
constituía una huella de actividad humana
que la ley no consideraba oportuno proteger,
razón por la cual dicha zona quedó excluida
del Parque Nacional.
Pasaron décadas
sin que ni la pequeña extensión del
territorio protegido, ni sus raquíticas y
trasnochadas normas de protección fueran
reconsideradas. En 1966 fue declarada la
Reserva Nacional de Caza de Viñamala -que
abarcaba 49.230 hectáreas e incluía al
Parque Nacional y las montañas occidentales
hasta el río Gállego- y, en 1977, la UNESCO
aceptó nominar Reserva de la Biosfera al
territorio de la Reserva de Caza. Ninguna de
las dos figuras conllevaba norma alguna de
protección, si bien el Estado se comprometía
a desarrollar en su ámbito medidas para su
conservación.
Tras diez años
de presiones y expedientes desde ámbitos
científicos, conservacionistas y
excursionistas, el 30 de julio de 1982
apareció en el B.O.E. la ley que multiplicó
por siete su superficie y cambió su nombre
por el de Ordesa y Monte Perdido. Al ser
ampliado el Parque Nacional, quedaron
prohibidas en su seno algunas actividades
humanas, tales como la caza y la extracción
de madera, leña y setas. Se mantuvo el
aprovechamiento ganadero, actividad
integrada desde antaño en el equilibrio
ecológico del territorio.
Ascensión al Monte Perdido
Resulta ya habitual comenzar la ascensión al
Monte Perdido (3.355 m) desde su ladera
occidental, donde se halla situado el
refugio Delgado Úbeda de Góriz. El camino
discurre en todo momento por el llamado
Barranco de Góriz, con el torrente siempre a
la izquierda. Alcanzado el Lago Helado, a
3.000 metros, el sendero lo bordea girando
al sureste y ascendiendo ya directamente a
la cumbre sobre los depósitos de piedras
acumulados al borde del cantil. Las cumbres
hermanas forman un conjunto de perspectivas
indescriptibles y sobrecogedoras, que se
divisan en los escasos días benignos de que
goza la cumbre.
Patrimonio geológico
Ordesa es un formidable ejemplo de valle
glaciar cuaternario, con típica forma en "U"
y una serie de forjas y cornisas que delatan
la acción del hielo y de la nieve. La
desaparición del hielo tras la última
glaciación -hace unos 10.000 años- ha hecho
que sea la acción fluvial del río Arazar la
que remodele el valle. Un recorrido por el
mismo, al menos hasta la zona del circo de
Soaso, nos permitirá ver, además de los
impresionantes escarpes calizos de edad
cretácica, toda una serie de cascadas y
graderías.
Los territorios
del parque son muy complejos tectónicamente.
Forman parte de las Sierras Interiores,
conformando un amplio mando de deslizamiento
hacia el sur. Existe un buen número de
pliegues tumbados que, según los cortes,
pueden dar la falsa impresión de estar ante
series subhorizontales poco alteradas por
los esfuerzos tectónicos de la orogenia
alpina, la generadora de los principales
relieves del Pirineo.
Relativamente
cerca, y dentro del entorno del parque,
tenemos magníficos ejemplos visitables de
desfiladeros fluviales en el cañón de
Añisclo y las gargantas de Escuaín.