Moguer se
levanta sobre una colina en la margen
izquierda del río Tinto, a 19 kilómetros de
Huelva, tiene una población de 12.500
habitantes y una extensión de 204 kilómetros
cuadrados. Forma parte del conjunto
histórico denominado Lugares Colombinos y
dentro de este municipio se puede encontrar
una variedad inagotable de cultura,
naturaleza y ocio.
Monumentos
De visita obligada es la casa que ocupó en
vida Juan Ramón Jiménez, que fue adquirida
en 1900 por sus padres y que ahora pertenece
a la familia Hernández-Pinzón, de los
hermanos Pinzón que acompañaron a Colón en
su viaje a América, ya que una hermana del
escritor se casó con uno de sus sucesores.
Casona de aire barroco donde se podrán
admirar recuerdos de todo tipo acerca del
Nóbel, libros, cuadros, muebles y enseres
personales que nos muestran un poco de la
vida interior de este gran hombre.
Otro lugar
imprescindible de Moguer es el Convento de
Santa Clara, fundado en 1338 para albergar a
monjas clarisas que se mantuvieron allí
hasta principios del siglo XX. Este es un
edificio emblemático del descubrimiento de
América ya que fue visitado en innumerables
ocasiones por Colón y fue declarado
Monumento Nacional en 1931. El estilo
arquitectónico es gótico-mudéjar y en su
interior se podrán contemplar obras como el
retablo mayor, obra de Jerónimo Velásquez,
realizado entre 1635 y 1640. También son de
admirar las puertas del coro pintadas en el
siglo XV o la sillería del coro bajo, estilo
nazarí del siglo XIV, en madera de pino y
granado con artífices granadinos, que en
conjunto componen un ejemplar único en su
género.
Por otro lado,
en Moguer se encuentra la Iglesia de Nuestra
Señora de la Granada, de la que el cuerpo de
sus campañas, según palabras de Juan Ramón
son como "la Giralda vista de lejos". Esta
iglesia es uno de los ejemplares más
representativos del barroco sevillano.
Espacios naturales
Pero si lo que el turista busca es relajarse
en la playa, está en el lugar adecuado
porque podrá disfrutar de las actividades
que le ofrece la playa de Mazagón. Inmenso
abanico azul, blanco y verde, que está entre
un espectacular bosque de pinos, el cielo
siempre azul y su arena blanca, 16
kilómetros ininterrumpidos de mar que
muestran un sin fin de maneras de
entretenerse. Para los aficionados a la
pesca esta playa es perfecta ya que se puede
practicar tanto desde la orilla como desde
una embarcación, sin olvidarnos de toda
clase de deportes náuticos, con un moderno
puerto deportivo que sorprende al visitante
más de 500 atraques para embarcaciones, y
una situación ideal, a medio camino entre el
Algarve portugués y el Estrecho de
Gibraltar.
Y para los que
se dejen llevar por el instinto descubridor
muy usual en estas tierras, está la zona
virgen de la playa que es donde se encuentra
el Parador Nacional, con dunas móviles y
medanos milenarios solidificados. Y no hay
que olvidar la visita al embarcadero, donde
se disfruta de una estupenda vista del río
Tinto, puerto muy importante en la
antigüedad que era clave para las
comunicaciones y el transporte de mercancías
de la zona. Y desde su astillero partió La
Niña hacia América. Carabela propiedad de
los hermanos Niño, hijos de Moguer que
participaron en el primer viaje de Colón.
Pero antes de
terminar este paseo por el milenario pueblo
de "Platero y yo" hay que detenerse en su
gastronomía, rica en dulces preparados con
productos de alta calidad y totalmente
naturales que se deshacen en el paladar.
Tampoco hay que olvidar sus tapas y platos
con aire marinero, sus licores, su vermut
(primera marca nacional) o sus vinos muy
apreciados por su exquisito sabor y cuidada
preparación que sigue la tradición vinícola
de este pueblo andaluz.
Es
imprescindible que el turista se detenga en
la artesanía de la villa, sobre todo en la
tonelería, los bordados y la talabartería.