La población
alpujarreña de Laujar está orientada hacia
el mediodía, mirando a la Sierra de Gádor, y
en las estribaciones más secas de Sierra
Nevada, en el valle del río Andarax.
La
huella andalusí
En Laujar fue asesinado, a manos de los
suyos, el rey morisco Aben Humeya. También
es la patria de Francisco Villaespesa, el
más universal de los poetas almerienses, a
quien el pueblo recuerda permanentemente y a
él dedica la Biblioteca Municipal, situada
en un bellísimo mirador sobre el valle.
El municipio de
Laujar exhibe una abundante vegetación donde
los almendros, las viñas y los álamos que se
alzan en los márgenes del río le confieren
una singular belleza: un paisaje abrupto y
montañoso. La entrada al municipio es un
claro avance de lo que allí nos podemos
encontrar; un majestuoso pasillo de árboles
centenarios abre el camino hasta la puerta
de la Plaza de Toros.
La calle
principal de Laujar nos conduce hacia la
joya del pueblo, la Plaza Mayor de las
Alpujarras, donde el Pilar de los Cuatro
Caños, semiescondido a la izquierda del
Ayuntamiento, nos aliviará la sed del
camino. Allí, muchos son los almerienses que
acuden a llenar sus garrafas de agua. En la
plaza también encontraremos otras fuentes
-levantadas en el siglo XVII- entre las que
destacan la de San Blas y la del Pilar de
San Antonio. La Plaza Mayor está presidida
por la imponente fachada del Ayuntamiento,
de estilo barroco, construido en 1792 y
coronada por un reloj, una campana de hierro
forjado y una veleta.
Junto al
emblemático edificio encontramos una
empinada cuesta que sube hacia el nacimiento
del río Andarax. En el camino podemos
detenernos a admirar la iglesia de La
Encarnación que, aderezada con una bella
torre mudéjar, fue construida en el siglo
XVIII. Esta iglesia fue levantada sobre los
cimientos de una mezquita que conserva en su
interior una Virgen, obra de Alonso Cano y
una interesante pinacoteca con cuadros de la
escuela holandesa. Los alrededores del
municipio son también bellos, especialmente
el nacimiento del río Andarax, ubicado muy
cerca de la población y donde se extiende
una confortable área recreativa con fuentes,
mesas, bancos, barbacoas y juegos
infantiles. Allí, la vegetación es frondosa,
avivada por chopos, pinos, alisos, sauces y
mimbres. Este es un lugar ideal para pasar
un relajado día de campo con la familia.
Corte
de reyes
En Laujar, junto a la frondosa vegetación
que rodea el municipio, encontramos
constantes recuerdos moriscos. Hubo un
tiempo, durante su dominación, en el que
Laujar fue corte de reyes independiente.
Estas turbulentas tierras en tiempos pasados
han visto cómo tras la rendición de Boabdil,
último monarca nazarí de Al-Andalus tras la
caída de Granada, los Reyes Católicos le
cedieron este pueblo como lugar de
residencia y, años más tarde, fueron
testigos del asesinato de Aben Humeya, quien
liberó a la ciudad de la rebelión de los
moriscos de La Alpujarra.
Gastronomía
Las tierras andaluzas son famosas por
sus embutidos y sus buenos vinos, cosa que
queda también de sobra demostrado en Laujar.
En esta zona el viajero podrá degustar
sabrosas carnes y embutidos a la brasa. En
la zona recreativa, junto al nacimiento del
río, encontramos una antigua fábrica
reconvertida en mesón, que conserva todo su
tipismo, con un interior de añeja belleza de
industrias de principios de siglo.
Entre los platos
típicos que el visitante podrá degustar
destacan la fritada alpujarreña, el choto al
ajo de cabañil, la cocina mareá, la olla de
nabos, los soplillos de huevo y almendra,
los mantecados de miel y los rosquillos de
vino.
La
huella andalusí
Según cuenta la leyenda transmitida por
los romances, en el año 711 Tarik y Muza
llegaron a España, fruto de una venganza del
conde D. Julián hacia el rey D. Rodrigo, por
los amores que éste había mantenido con su
hija, la Cava.
Sea como sea, es
natural que Almería, por su situación
geográfica, fuera una de las primeras
provincias en sucumbir al dominio musulmán.
De aquella época
quedan restos y recuerdos en tierras
almerienses, donde musulmanes, judíos y
cristianos convivieron en buena armonía.