Las lagunas se
localizan en un valle excavado en el extremo
Noroeste del campo de Montiel, con una
longitud total de 28 kilómetros, y un
desnivel de ciento veinte metros, situándose
de forma escalonada y estando unidas entre
sí mediante cascadas, torrentes, o
conexiones subterráneas.
De origen
tectónico, es decir, por hundimiento,
acumulan el agua de los nacederos del Campo
de Montiel en una sucesión de dieciséis
lagunas de espléndidas tonalidades, en
ocasiones unidas entre ellas por bellísimas
cascadas. Tradicionalmente fueron
consideradas como el nacimiento del alto río
Guadiana, que a partir de los años cincuenta
fue embalsado en Peñarroya, dando lugar a un
embalse que hoy también aparece incluido
dentro de los límites del parque natural. La
zona tiene también grandes valores
históricos y culturales, como el castillo de
Rocafrida, o la cervantina Cueva de
Montesinos.
Fauna
y flora
Este encantador complejo de lagunas
constituye una importante zona húmeda. Una
gran población de aves acuáticas, ánades,
fochas, porrones y cercetas, comparten el
espacio con el aguilucho lagunero y rapaces
nocturnas. La gran extensión de la
superficie acuática da cobijo a una
ictiofauna en la que destacan la boga, el
barbo, la carpa, el lucio y el black-bass.
Formando una orla en torno a las lagunas
aparece la vegetación palustre de carrizo y
enea, y en las altas laderas del Parque
destacan las singulares formaciones de
viejas sabinas.
Las Lagunas de
Ruidera se ubican en el Alto valle del río
Guadiana, sirven de límite provincial a
Albacete y Ciudad Real y constituyen junto a
las Tablas de Daimiel los dos espacios
naturales húmedos más extensos e
interesantes de Castilla-La Mancha.
En el caso de
Ruidera, no sería nada exagerado señalar que
en su entorno, hasta hace muy poco tiempo,
podía admirarse uno de los paisajes de mayor
belleza y más atractivos no sólo de
Castilla-La Mancha sino de todo el
territorio español. Obviamente, el lento
discurrir de la corriente del alto Guadiana
serpenteando en su angosto valle, se remansa
numerosas veces a lo largo de su recorrido
en un rosario de lagunas. En ellas, sus
represas naturales de toba eran antaño
rebosadas y furiosamente desbordadas por el
agua conformando así un conjunto de saltos y
cascadas, cuya espectacularidad dependía del
caudal del río y de la altura y amplitud de
la barrera.
Un
paraje excepcional
La excepcionalidad de este paraje radica en:
-
La calidad de sus
paisajes lacustres que contrastan
bruscamente con los del ámbito
geográfico del interior de la Península
en los que aquellos se insertan.
-
La riqueza de su
marco vegetal y la avifauna.
-
Ser uno de los más
grandes e importantes espacios lacustres
europeos asociados a formaciones de
toba, como son el lago de Bañolas, en
Gerona y el conjunto de lagos
escalonados de Plitvice, en Yugoslavia
muy similar al de Ruidera. En ellos se
registra un hecho geomorfológico de gran
trascendencia y que tiene por
protagonista a los peculiares procesos
de precipitación de carbonatos
originados, en el caso de Ruidera, por
las aguas del Alto Guadiana y que son
los responsables directos de la
aparición de esta zona lacustre.
Las lagunas se
disponen de un modo escalonado a lo largo
del perfil longitudinal del valle y los
hechos que motivan la aparición de cada una
radica en dos circunstancias: la
impermeabilidad de los materiales geológicos
que afloran en el fondo del valle y que
pertenecen al Triásico Superior. La
presencia de una barrera natural de
composición tobácea construida por la
precipitación de carbonatos provocada por
las aguas del río y que cierra a modo de
presa su cauce. La extensión de las lagunas
es pequeña (800 por 250 metros) salvo alguna
excepción (Laguna San Pedro: 1.600 por 400
metros; laguna Colgada y Del Rey: 2.500 por
450 metros). Su profundidad es variable en
función de la climatología, llegando alguna
a secarse en épocas de especial sequía. La
profundidad de las lagunas más extensas
puede ser de quince a veinte metros.
Morfología de las cascadas
En lo que respecta a la morfología
existe un marcado contraste entre las
lagunas altas y las bajas, los rasgos más
representativos del paisaje de las lagunas
"altas" son:
-
Presencia de barreras
tobáceas que represan la masa acuosa de
cada laguna y a las que se asocian un
conjunto de cascadas y saltos de agua
funcionales en los momentos en que
aquella se desborda por encima de la
barrera.
-
Perímetro rodeado,
generalmente, por taludes y acantilados,
labrados en otras acumulaciones tobáceas,
con una morfología muy típica en
voladizo.
-
Una mayor profundidad
que condiciona por un lado, las
tonalidades azul-verdosas de sus claras
aguas y por otro, el asentamiento
escalonado por debajo de la superficie
de la laguna de una serie de plantas
acuáticas cuya organización y densidad
siguen las pautas de la máxima y mínima
luminosidad.
Las lagunas
"bajas", por el contrario, ofrecen un
semblante completamente distinto: tamaño
menor, ausencia de barreras funcionales y de
sus cascadas correspondientes, formas
grandes y suaves del receptáculo hídrico,
que se traduce en una profundidad escasa o
casi nula, ausencia de acantilados tobáceos
(salvo alguna excepción), carácter cenagoso
de sus fondos, etc. Estas peculiaridades
motivan que la densidad de cañaverales,
espadañales y masiegares alcancen unos
niveles más acusados, lo que determina que
estas charcas constituyan un excelente lugar
para el refugio y anidaciones de aves
acuáticas.