Actualmente
estos puentes alcanzan el número de
cuarenta, que comunican entre sí catorce
islas. Es una ciudad que combina
armoniosamente los pocos rascacielos
modernos con la tranquilidad de las aguas
del archipiélago.
A pesar de estar
situada en un archipiélago de catorce islas
y miles de islotes, Estocolmo no es una
ciudad marítima. Por el contrario, el Lago
Mälar la rodea y condiciona la existencia de
1.500.000 habitantes que pueblan sus
barrios, calles y plazas.
Sus habitantes
muestran su orgullo por esta singular
estructura urbanística que muestra un
maravilloso paisaje conjunto de la capital
de Suecia. Desde muchos puntos de la misma,
se pueden encontrar fotografías
excepcionales que, por encima de puntos
concretos, se impregnan en la retina para
siempre.
También es una
capital curiosamente dispar, una ciudad
cuyos espacios de agua y ringleras de
edificios monumentales le dan una pátina y
un cariz vetusto que se riñe con su fama de
ser la ciudad más contemporánea y avanzada
de Suecia.
Estocolmo es una
de las capitales del mundo más cercanas al
Polo Norte, pero la vida no tiene allí nada
de frío: desde hace años, la ciudad se ha
puesto muy de moda.
Los elegantes
bares de diseño de Stureplan, sus
restaurantes de primera clase y los bares
bohemios de Södermalm proporcionan el toque
final a una metrópolis llena de vitalidad.
El
Palacio de Drottningholm
Si visitas
Estocolmo, no puedes dejar de visitar el
hogar de la familia real. No en vano
Drottningholm ha sido catalogado como parte
del patrimonio cultural de la humanidad por
la UNESCO.
Fue construido
tras el gran incendio de 1697, cuando tan
solo se pudo rescatar de las llamas el
sarcófago del rey Carlos XI, y muy poco más.
En la actualidad
se puede visitar el magnífico dormitorio de
la reina Eleonora, el "Kina slott", una
impresionante combinación de pagoda china y
palacio de recreo y, sobre todo, el teatro
del castillo, con una impresionante máquina
de truenos del siglo XVIII que puede
emplearse para producir tormentas.
En el
corazón de la ciudad: Gamla Stan
El barrio viejo
de Estocolmo, con sus estrechas callejuelas
(hay una de tan sólo noventa centímetros de
ancho), los músicos callejeros de
Vesterlånggatan, los cafés y las tiendas de
antigüedades bien merecen una visita: el
aire se impregna de los gritos de las
gaviotas, los bares sirven knäckebrot con
pescado y la estatua de Evert Staubert, el
famoso marinero cantante, reposa su amable
mirada en el abigarrado bullicio.
A una hora de
camino de Estocolmo, Uppsala se considera el
centro histórico y religioso del país. Es
una agradable opción para pasar el día, con
su delicioso centro dominado por el río;
también cabe mencionar la animada vida
nocturna que promueve la población
estudiantil.
En el centro del
casco antiguo medieval se encuentra la gran
Domkyrkan (todos los días, 8-18 h; entrada
gratuita), la catedral más grande de
Escandinavia. Su interior, vibrante de ecos,
todavía impresiona, en especial el
ambulatorio de estilo gótico francés
flanqueado de pequeñas capillas, una de las
cuales contiene una bella serie de murales
del siglo XIV que narran la leyenda de san
Erik, el santo patrono de Suecia, mientras
que en otra capilla se guardan sus restos.