Los cartujos
dejaron su huella en la zona del Priorato,
con el cultivo de los viñedos y la llamada
escalera del Cielo, Scala Dei, donde el
rastro de Dios todavía es visible en este
monasterio, cuyo punto álgido se remonta al
siglo XVIII.
Y es que los
cartujos impulsaron el desarrollo económico
de esta zona localizada en la sierra litoral
de Tarragona. Desde cereales y frutos secos
hasta olivos, cáñamo y lino, por no
mencionar el tradicional cultivo del vino
que sigue omnipresente y continúa siendo,
hoy en día, la principal actividad. En un
primer momento la producción fue destinada
para el monasterio, pero su prestigio
alcanzado con el tiempo fue el impulso que
permitió comercializarlo a gran escala. El
Priorato de la vid, del tinto, blanco y
garnacha, moscatel o malvasía.
Estas viñas del
Señor se encuentran en una tierra de un
marrón pizarroso, dibujado por muros y
bancales simétricos donde la sierra del
Montsant aporta esa solemnidad propia de los
designios de Dios. Un Montsant labrado por
la erosión, plagado de cuevas y abrigos
naturales utilizados desde el paleolítico y
luego refugio de anacoretas.
El Priorato
conserva el pulso de la Catalunya agraria,
con campos de cultivo y pueblos colgados
sobre peñas, de casas bajas y colores ocres.
Pero con los años la despoblación ha ido
menguando el crecimiento demográfico. Una de
las causas del movimiento de población vino
a principios de siglo con la invasión de la
filoxera. Desde 1900 a la actualidad, los
habitantes han disminuido desde los 24.000 a
los 10.000, pero todavía conservan el
impulso de antaño por el cultivo de la vid,
así como el del almendro, el olivo o la
avellana.
El símbolo
celestial de esta zona divina queda
reflejado por el monasterio cartujo de Scala
Dei. Cuando fue construido administraba
justicia y prisión, cobraba los tributos y
explotaba el esplendoroso comercio del vino.
Durante la Edad Media llegaron a permanecer
en él treinta monjes y quince legos. La
iglesia se transformó al estilo barroco
durante la época esplendorosa del siglo
XVIII, cuando el antiguo erial se había
convertido en una ciudad del silencio, con
tres claustros y hostería, y donde el prior
tenía un poder cuasi sobrenatural.
Platos propios y genuinos: la olla barrejada
La cocina también refleja su
personalidad, por ser sencilla, gustosa y
abundante. Platos propios y genuinos como la
olla barrejada, una variante de la escudella;
truchas, perdices con olivas, caldo con
tropezones o patatas con bacalao. Por no
decir de los exquisitos postres como los
orejones, rosquillas o cocas azucaradas.
Y de naturaleza
es tan rica como para que acudan frecuentes
excursionistas, que usan y visitan sus
grutas y caminos, como los senderos
históricos entre Reus y Lleida, salida del
que fue último vestigio musulmán de
Catalunya. Así como visitas a sus múltiples
referencias.