La mejor forma
de percibir la riqueza del desierto de
Atacama es recorrer el extenso paraje que
lleva desde el puerto del cobre de
Antofagasta hasta Calama. Una ruta dominada
por los más variados colores de su paisaje,
así como las texturas que forma el trémulo
sol, por donde se cruzan los pueblos
fantasma que dan fe, por su silencio, de la
grandeza de su pasado.
De estos pueblos
fantasma, Chacabuco merece cierto reposo,
para contemplar su belleza. Y cerca de
Calama, la ciclópea mina de Chuquicamata
supone una mordida cósmica al paisaje. Una
mina de cobre, abierta a los turistas, de la
que se extrae un 5% de la producción
mundial. Es la mina a tajo más grande del
planeta, con 4 kilómetros de longitud, 2
kilómetros de ancho y 700 metros de
profundidad.
En el puerto de
Antofagasta las atractivas playas son el
mayor encanto de este lugar, sobre todo a
medida que se va hacia el norte, como
Hornitos. En el interior, una carretera
conecta con Calama, importante ciudad minera
que está atravesada, además, por numerosos
pueblos salitreros abandonados, sobre todo a
medida que se sube hacia el desierto.
Otro lugar que
merece un descanso, para contemplar su
esplendor, es el oasis de San Pedro de
Atacama, la base perfecta para realizar
excursiones a los atractivos parajes
naturales, ya sean los géisers de El Tatio,
las extrañas formaciones rocosas del Valle
de la Luna o el Salar de Atacama.
San
Pedro, géisers y el embrujo de la Luna
San Pedro de
Atacama es un punto obligado para todo
visitante de Chile. Recomendamos la visita a
su museo arqueológico que se encuentra en el
interior de la iglesia de San Pedro.
San Pedro de
Atacama es un punto de partida para
numerosas excursiones. Una de ellas conduce
hacia el Valle de la Luna, donde las
extrañas formaciones rocosas, como la de las
"Tres Marías" son objeto de fascinación.
Otra ruta singular es la del Salar de
Atacama, con sus lagunas repletas de
flamencos y sus costras de sal.
También se puede
ir hacia aldeas cordilleranas como Toconao,
o a las ruinas prehispánicas de Lasana. Pero
sorprendentes son los géisers de El Taito,
un paraje mágico, como lo es todo el
desierto de Atacama.