Comenzar un
recorrido turístico por esta bella zona del
Mediterráneo no es nada fácil, el viajero
podría dirigirse hacia el tópico de sus
azules playas y quedarse tumbado al sol sin
descubrir el carisma, las costumbres y la
cultura de todos los valencianos. La costa
Azahar es la zona costera más extensa y
llana de España y de ahí sus múltiples y
tranquilas playas que las convierten en una
oferta muy tentadora y atractiva en todo el
litoral castellonense.
Las ciudades que
dominan la zona son Valencia y Castellón,
además de los pueblos costeros como Vinaroz,
Benicarló, Peñíscola, Alcossebre,
Torreblanca, Oropesa del mar, Benicàssim,
Cullera, Xàtiva, Gandía o Sagunto donde, a
buen seguro, encontrarán lo que buscan. Lo
más sensato para disfrutar de toda esta
variedad es comenzar el recorrido de norte a
sur o de sur a norte y ver cómo, aún
manteniendo las mismas raíces culturales,
los matices van cambiando a medida que
avanzamos en nuestro recorrido.
Castellón, entre dos tierras
El paisaje de esta provincia, a diferencia
de lo que sucede en Valencia, está plagado
de contrastes. Mientras que el refresco del
agua, la humedad y las abundantes zonas
verdes se hallan en la costa, el interior se
muestra al visitante mucho más árido y
caluroso.
El primer pueblo
que destaca en la costa castellonense es
Peñíscola. El emplazamiento
sobre una pequeña península rocosa marca su
singular perfil sobre el mar. El núcleo
histórico es una excelente muestra de
arquitectura popular presidida por el
castillo templario del siglo XII.
Actualmente se muestra altanero, y
recientemente restaurado, y además posee
dependencias de estilo románico y gótico en
las que estableció su reino apócrifo y su
corte eclesiástica el Papa Luna, Benedicto
XIII, en 1415. Desde su terraza se contempla
una panorámica espectacular de la ciudad de
Peñíscola. Otros monumentos emblemáticos son
la iglesia parroquial (siglo XIV) y el
santuario de Nuestra Señora Ermitaña, de
estilo barroco. La playa del Norte está
certificada con la bandera azul de calidad.
De
Alcossebre destacan sus playas
cristalinas y las zonas de apartamentos con
barcas y lanchas donde el agua se adentra
hasta la misma puerta de la casa simulando
la mismísima Venecia.
En
Oropesa del Mar la calidad de sus
playas también atrae a numerosos turistas,
pero tiene otros alicientes. El recorrido
puede tener como paradas la iglesia de San
Jaime (del siglo XIV), con azulejería de
Alcora, la Torre del Rey (siglo XV) y el
faro, que depara bellas vistas. Las ruinas
del castillo todavía rememoran tiempos
pasados de singular esplendor. Si queremos,
además, reponer nuestras maltrechas energías
conviene parar a comer, en el Paseo
Marítimo, en la Torre del Rey.
En
Benicàssim los amantes de los
deportes acuáticos, del sol o del voleibol
podrán disfrutar a sus anchas a través de
los 6 Km de litoral con extensas playas de
cristalinas aguas, que dan fama a este
pueblo. Los aficionados a la música rock
también tienen aquí una cita obligada los
primeros días de agosto en el Festival de
Benicàssim, que acaba de concluir.
La importancia
del puerto de Vinaròs
también es una baza destacada para la zona
litoral de Castellón que perdura desde la
Edad Media. La iglesia de la Asunción y la
del antiguo convento de los Agustinos
constituyen sus principales atractivos
turísticos. Su playa es un ejemplo de los
grandes arenales que se extienden a lo largo
de 12 Km. Algo que es imprescindible en
Vinaròs, y que no debemos olvidar como
buenos viajeros, es probar dos exquisiteces:
sus langostinos y los pastissos (dulce con
cabello de ángel).
Castellón capital
Llegado el fin de este pequeño periplo
por los pueblos costeros comienza la hora de
sentir en nuestras propias carnes la altiva
ciudad de Castellón. Las gentes de este
lugar del Mediterráneo se caracterizan por
su habilidad, hospitalidad y su fervoroso
trabajo cotidiano. Se puede disfrutar del
arte rupestre en La Valltorta, La Gasulla,
Les Dogues y Morella la Vella, donde
aparecen escenas del denominado arte
rupestre levantino con imágenes realistas de
trabajo, caza recolección o labores
domésticas. La ciudad de Castellón se
contrapone con el Desierto de Las Palmas
que, a pesar de su nombre, es un llano
fértil de sedimentos y conos fluviales que
se van hundiendo en el mar.
Emplazada a 4 Km
del mar, en una llanura, la capital
castellonense tiene una apreciable oferta
cultural. Alrededor de la plaza Mayor se
encuentran los monumentos más interesantes:
la catedral gótica de Santa María, el
Ayuntamiento (siglos XVI y XVIII), la
torre-campanario de El Fadrí (siglos XV y
XVI) y la iglesia de San Miguel, sede de la
Fundación La Caixa. El Museo Provincial de
Bellas Artes acoge una colección de piezas
prehistóricas, además de valiosas obras de
pintura y cerámica moderna de la región.
Para descansar y disfrutar de los aromas
conviene pasearse por el parque Ribalta, en
torno a un estanque romántico donde podrá
descubrir su gran variedad de especies
vegetales. Las playas más bonitas y
apetecibles son las de Benicàssim, al norte
y Burriana, al sur. En las calles Baja y de
En medio abundan los bares de tapeo y vinos
para tomar algún refrigerio. En sus
alrededores se puede visitar el Parque
Natural de las Islas Columbretes, de origen
volcánico, descubrirá una enorme belleza de
flora y fauna.