Sus tres ríos
principales, Sassandra, Bandama y Comoé,
fluyen de Norte a Sur formando albuferas a
medida que se acercan a la costa. Y su
riqueza cultural es inacabable, ya que en
este país africano conviven más de 60 grupos
étnicos diferentes que han sabido mantener
su estabilidad política y social, haciendo
de Costa de Marfil un país en paz que se
encuentra entre los destinos más elegidos de
la costa africana.
Costa de Marfil
se distingue de otros países africanos
porque tiene una enorme lingüística y, con
muy pocas excepciones, cada ciudadano
mantiene su lengua materna junto con las
tradiciones y relaciones sociales dentro de
su grupo étnico. Otro distintivo de este
país es que, a pesar de su mayoría
musulmana, no tiene restricciones respecto
del alcohol y del tabaco y en la mayoría de
sus ciudades podremos encontrar zonas para
turistas con salas de fiestas, discotecas,
bares y restaurantes.
Recorreremos
este país deteniéndonos en los lugares,
sobre todo urbanos, que nos llamen más la
atención, empezamos por Abidján ciudad
urbana con rascacielos. Este primer contacto
con el asfalto africano es desconcertante
pero nos muestra que la civilización también
ha llegado hasta aquí y se mezcla con las
tradiciones del país, como en sus lavaderos
de las afueras donde se amontonan hombres,
mujeres y niños que lavan sus ropas con la
lentitud y parsimonia que nosotros perdimos
muchas generaciones antes, nos cuesta pensar
como son capaces de distinguir luego unos
enseres de otros, pero ellos van creando un
mosaico de color y variedad que anonada.
De esta ciudad
nos trasladamos a otra, esta vez más
importante, ya que es la ciudad del reino
por excelencia, Yamoussoukro, la nueva
ciudad administrativa que posee una
imitación calcada de la basílica de San
Pedro de Roma. Considerada como la Basílica
de África, esta catedral sólo se diferencia
de la europea porque está construida con
materiales más ricos, es decir con un lujo
oriental que deja al turista con la boca
abierta. Además reúne comodidades que en
Europa parecerían inauditas, como aire
acondicionado en cada asiento para que sus
feligreses sientan el fervor de la fe pero
no el calor africano. En esta ciudad también
se puede ver el Palacio del Presidente y la
Mezquita como monumentos arquitectónicos.
Culturas milenarias
Tanto lujo nos ha abierto el apetito por
adentrarnos más en la esencia de este país,
así que nos acercamos a Korhogo, el centro
más importante de los Senufo, un pueblo
animista que se resiste a evolucionar a
retoque de tambor, y siguen manteniendo sus
tradiciones milenarias, con sus bosques
sagrados, sus dioses-protegidos, sus casas
circulares de barro con techos de paja, sus
chamanes y sus altares fetichistas. Este
recorrido por Korhogo, nos permite conocer a
los tejedores de Waraniane, la mezquita de
Kassoumbarga y los herreros Koni.
Si nos detenemos
en las diferentes culturas, después de los
Senufo, que son la etnia más antigua, están
los Baulé, grupo étnico que representa el
41% de la población marfileña y que tiene el
mayor control sobre las estructuras sociales
y políticas del país. La leyenda de este
pueblo cuenta que su reina Aura Poka,
hermana del sucesor del trono de los Asantes,
del grupo Akan, (situado en la actual
Ghana), tuvo que cruzar el río Komoé al ser
expulsada y cuando consultó a los notables
para cruzarlo, éstos le exigieron que se
desentendiese de su hijo pequeño para cruzar
el río con su pueblo, y así lo hizo.
Milagrosamente los hipopótamos hicieron un
puente para que ella y los Baulé pasaran a
la otra orilla, de ahí viene el nombre de
este pueblo, "Ba oulé": "mi hijo está
muerto".
Y a pesar de que
este ha sido un recorrido urbanita no
podemos irnos de este país sin contemplar la
belleza de sus parques naturales, de entre
los que destaca el de Comoé, al nordeste del
país, con 3.000 hectáreas de bosque
ecuatorial.