La Real Clerecía
o Colegio del Espíritu Santo, conocido
popularmente como La Clerecía de Salamanca
es una fundación de los reyes Felipe III y
Margarita de Austria, a principios del siglo
XVII. La primera piedra se puso en el ángulo
derecho de la iglesia en 1617 y las obras no
concluirían hasta casi finalizado el siglo
XVIII. Fue concebida para el Colegio de la
Compañía de Jesús.
Se le conoce por
el nombre de Clerecía debido a que tras ser
expulsados los judíos en el siglo XVII pasó
a propiedad de la Real Clerecía de San
Marcos. En época medieval, los clérigos y
afines se agrupaban en torno a una
organización gremial cuya finalidad era la
defensa de sus derechos. Esta organización
gremial estaba dirigida por un abad y se
encontraba bajo la protección directa del
Rey o de su delegado.
Así, surgió la
Real Clerecía de San Marcos que se agrupó en
torno a la antigua iglesia de San Marcos y
la iglesia del Espíritu Santo o Clerecía. En
el año 1665 se inauguró la iglesia de la
Real Clerecía y al día siguiente se instaló
la comunidad jesuítica en la parte posterior
de la misma.
Los jesuitas
fueron expulsados de España en el año 1767 y
poco después el edificio era repartido en
tres lotes, la iglesia y la sacristía para
la Clerecía de San Marcos, una de las alas
para los Irlandeses y el otro ala para el
Seminario Conciliar, hasta que fue cedido a
la Universidad Pontificia en el año 1940.
La Universidad
Pontificia ocupa el antiguo Colegio Real. Es
una obra realizada en el siglo XVII y las
obras concluyeron poco antes de la expulsión
de los judíos en 1779. En las obras
intervinieron Juan de Setién y Joaquín de
Churriguera, artífices de la Catedral Nueva
de la ciudad de Salamanca. Finalizó las
obras Andrés García de Quiñones aunque su
hijo Jerónimo concluyó las obras de la
fachada poco después.
El
edificio
Las obras se realizaron principalmente entre
1617 y 1779, según planos de Juan Gómez de
Mora. Intervinieron en la construcción Simón
de Monasterio, Juan Moreno, Alonso Matías,
Pedro Sánchez, Alonso Sardiña y Pedro Mato,
éste último introdujo notables innovaciones
con respecto al proyecto original.
También
intervino a principios del siglo XVIII el
insigne Andrés García de Quiñones que dio
por finalizadas las obras en 1762. No
obstante, su hijo Jerónimo finalizaba la
portada del colegio poco después, en 1779.
El edificio consta de iglesia, colegio y
residencia de la comunidad.
El templo es de
una sola nave, disponiéndose en los
laterales varias capillas situadas entre los
contrafuertes, del tipo hornacina que se
comunican entre ellas por medio de pequeños
pasadizos y una tribuna en la parte
superior. Dispone de un ancho crucero con
cúpula en forma de ochavo realizada por
Pedro Mato.
Esta gran cúpula
se sustenta sobre pechinas con cuatro
enormes escudos reales, tambor y una gran
linterna que corona el conjunto. Se han
detectado algunos problemas derivados de
errores de cálculo que en alguna ocasión han
puesto en peligro su estabilidad. Pedro Mato
introdujo innovaciones arriesgadas con
claros tintes barrocos.
La
fachada
La fachada que se presenta frente a la Casa
de las Conchas consta de dos cuerpos y en
ella intervinieron Gómez de Mora y Pedro
Mato. El primero realizó el cuerpo inferior
y el segundo el cuerpo central o superior.
Es de aspecto escurialense y no se concluyó
hasta el siglo XVIII, bajo la dirección de
García de Quiñones. Una hornacina en el
cuerpo inferior, justo encima de la puerta
de ingreso, custodia la imagen de San
Ignacio de Loyola, obra de Juan Rodríguez.
La fachada queda
enmascarada por su situación en una calle
estrecha y poco dinámica. Sólo sus esbeltas
torres sobresalen por encima de los cuerpos
inferiores que tienen una menor proyección.
La Clerecía se
abre con una gran portada realizada por
Andrés García de Quiñones y terminada por su
hijo Jerónimo en 1779. Presenta una robusta
articulación en torno a vigorosas columnas
de orden compuesto que vienen a sustituir a
las pilastras del proyecto original de Gómez
de Mora.
Las torres están
realizadas en estilo barroco y fueron
añadidas posteriormente por Andrés García de
Quiñones. Aparecen como suspendidas en la
fachada y no dan la sensación de solidez o
robustez exterior pues no tienen esta
función arquitectónica sino que, sirven
simplemente de elemento decorativo.
Las esquinas de
las torres están rematadas por pináculos que
sustentan pequeñas estatuas, obras de
Gregorio Carnicero que simbolizan a los
cuatro Padres de la Iglesia, varios santos,
las Virtudes Teologales y las Cardinales. La
espadaña central o campanario se encuentra
insertado entre ambas torres, cuenta con un
relieve del Espíritu Santo y está coronada
por la imagen de la Virgen, flanqueada por
los fundadores.
El
claustro
Es una de las obras más acabadas del
barroco español y fue realizada por Andrés
García de Quiñones. Está dividido en tres
cuerpos claramente diferenciados. Las
enormes columnas que llegan hasta el segundo
cuerpo rompen la simetría del conjunto.
El primer piso
está recorrido por esbeltos arcos de medio
punto, el segundo por balcones enrejados que
están coronados con óculos ochavados y el
tercero, a modo de ático, en el que
sobresalen las ventanas separadas por
esbeltos machones, que pretenden ser la
continuación de las enormes columnas de la
fachada del claustro. Corona este ático las
diferentes plantas o galerías del claustro.
Las rampas se disponen en voladizo y la
balaustrada es de piedra torneada. En las
paredes cuelgan lienzos del siglo XVII.