Ciudad Real
limita al sur con Andalucía, al norte con la
provincia de Toledo, al oeste con
Extremadura y al este con la provincia de
Albacete. Sin embargo, si el viajero no
tiene prisa, y a esta tierra es recomendable
venir sin ella, puede acceder a esta
provincia por las carreteras nacionales que
la unen con Extremadura, Córdoba, Albacete
-y Levante- y Toledo; atravesará de esta
manera parajes dignos de conocerse como: el
Valle de Alcudia, los montes de Cabañeros,
la zona de los montes de Toledo o las
lagunas de Ruidera, por poner solo unos
ejemplos.
En cualquier
lugar de la tierra los rasgos físicos del
medio, principalmente los referentes a las
características orográficas, geológicas y
sobre todo climáticas, determinan, no sólo
el tipo de flora que en él será dominante,
sino que además pueden dar una idea, acerca
de la riqueza de la misma. Pero en el caso
de Cabañeros estos condicionantes se
modifican por las características propias de
cada lugar. Pudiendo darse así, un tipo de
flora distinta de la impuesta por las
condiciones ambientales dominantes, o
también variaciones respecto al número
esperado de especies.
Desde el punto
de vista geológico, todo el Parque se
asienta sobre materiales de naturaleza
silícea. En él aparecen diferentes estratos
de pizarras y cuarcitas de los períodos
cámbrico y ordovícico, y todos ellos forman
los relieves serranos. Por otro lado el
resto de los materiales que aparecen, son de
edad cuaternaria, y se han producido por la
erosión de las sierras.
El estudio
climático del parque de Cabañeros ha dado
como resultado que se incluye dentro del
tipo mediterráneo templado, aunque existen
ciertas diferencias entre el área occidental
y oriental del territorio. La parte oeste,
presenta una cierta tendencia oceánica, y
unas temperaturas y precipitaciones medias
superiores a las registradas en el este,
donde el clima se hace más frío y seco, y
por tanto más continental. Todo el Parque
Natural queda incluido en el piso
mesomediterráneo que en este área peninsular
se corresponde con el piso de vegetación de
la encina, el alcornoque o el quejigo, así
como de sus etapas de degradación.
Microclimas
En la parte occidental del Parque, menos
fría y más húmeda, aparecen ciertos
barrancos microclimáticamente favorecidos,
donde se refugian especies tan interesantes
como el loro. Se trata de un árbol de hojas
perennes, duras y brillantes, parecidas a
las del laurel. Este árbol, considerado como
una reliquia de los bosques subtropicales
que durante el Terciario ocuparon la región
mediterránea y el sur de Asia menor, ha
podido sobrevivir en Cabañeros y en el resto
de su reducida área actual, gracias a la
existencia de enclaves que, incluso durante
las glaciaciones, no han sufrido grandes
cambios climáticos. En el Parque, estas
loreras acogen otras especies como el acebo,
o los helechos.
También aparecen
otras plantas como el durillo, el madroño o
la hiedra. Todas estas, junto al brezo nos
evocan, aunque de una forma empobrecida y
con especies más recientes, el ambiente que
debió imperar en el Terciario. Igualmente,
en determinados barrancos húmedos,
encontramos un bosque de ribera, en el que
un abedul exclusivo o endémico de la
Península, Betula Pendula, es el árbol
dominante.
Estas
formaciones representan los últimos restos
de unos bosques que se desarrollaron bajo
unas condiciones climáticas que ya no se dan
en la zona. En los barrancos, una gran
variedad de plantas de distintas comunidades
vegetales, se agrupan al amparo de las
favorables condiciones de abrigo y de la
elevada humedad existente. De este modo los
abedules conviven entre otros, con
arraclanes, fresnos, acebos, robles,
quejigos, alcornoques, brezos arbóreos, e
incluso con loros-. El ambiente húmedo y
sombrío de su sotobosque, favorece el
desarrollo de herbáceas como el sello de
Salomón y de helechos.
La otra
situación donde encontramos abedules, se
corresponde con áreas menos abrigadas, y
comúnmente asociadas a un tipo de hábitat
conocido en la región como bohonales o
trampales. Las comunidades vegetales que
estas plantas forman en Cabañeros
representan verdaderas islas de vegetación
atlántica, en un territorio de marcado
carácter mediterráneo. Su aparición en una
zona tan alejada del área que reúne las
condiciones óptimas para su desarrollo en la
actualidad, es decir, norte y noroeste de
Europa, se explica por las mismas razones
que determinaron la llegada y permanencia de
los abedulares. Así, estas sureñas
localidades constituyen disyunciones
atlánticas en la región mediterránea, que
pueden considerarse importantes reliquias de
un pasado, sin duda más frío y húmedo, y en
él que seguramente ocuparían mayores
extensiones.
Rica
fauna
El interés de sus comunidades de vertebrados
es muy elevado, tanto por su número (276
especies) como por el alto porcentaje de
presencia de especies amenazadas a nivel
mundial (el 4'7%) y en España (el 25'36%).
La fauna
piscícola se encuentra en los ríos Bullaque
y Estena y en los arroyos del Brezoso, Las
Peralosas, Río Frío y Cigüiñuelas. Los peces
son un grupo singular en el conjunto de
vertebrados, ya que el 62'5% de los
presentes se encuentra amenazado a nivel
mundial.
Las especies
presentes son el jarabugo, únicamente
presente en el Estena; barbo, cachuelo,
boga, pardilla, calandino. Y por otro lado
se introdujeron, en el embalse de la Torre
de Abraham el lucio, la carpa y otras.
Entre los
anfibios, pese al relativamente reducido
número de especies presentes, hay que
reseñar la salamandra, que es una subespecie
endémica castellano-manchega. Otras
especies, como el tritón ibérico y el tritón
verdinegro están ligados simultáneamente a
las charcas y arroyos montanos. El sapo es
un protagonista indiscutible de los meses de
octubre y noviembre, ya que después de las
primeras lluvias aparece masivamente y se
reproduce. Entre los reptiles hay que
apuntar que son de gran importancia el
galápago europeo, que está en peligro de
extinción. Su pariente próximo, el galápago
leproso parece estar relegado a los lentos
arroyos de la raña. El lagarto ocelado ocupa
casi todo el Parque, al contrario que el
lagarto verdinegro, típico de los sotos de
arroyos montanos.
También aparecen
la lagartija ibérica y la salamanquesa
común. Las aves es el grupo más numeroso y
cuenta con la presencia de un 3% de especies
amenazadas a nivel mundial, donde destacan
las típicamente mediterráneas (buitre negro,
águila imperial) y también otras esteparias
(sisón, avutarda). Algunos predadores, como
el aguilucho cenizo, el ratonero o el
mochuelo son muy fáciles de encontrar.
Abunda el
alcaudón real y el alcaudón común, el
críalo, y parásito de los nidos de la urraca
Pica pica, que es una de las especies de
afinidad etiópica que aparece en las dehesas
de Cabañeros.
En la situación
más meridional se encuentra una colonia de
cigüeña común, cuyo censo oscila entre 10 y
30 parejas. En los voluminosos nidos de
cigüeña común crían algunas especies, como
la grajilla y el gorrión común.
Por todo, el
Parque Nacional de Cabañeros es uno de los
parajes creados por la naturaleza para
disfrutar de la calma, la belleza y la
ternura que se respiran en sus bosques.
Gracias a la
dura política planteada, desde un principio,
por la Junta de Castilla-La Mancha,
Cabañeros es una realidad que ha conseguido
crear las mejores condiciones vitales
necesarias para continuar con el interés de
la protección de nuestro
planeta.