Para llegar a A
Costa da Morte, como la llaman los gallegos,
lo haremos bajando desde A Coruña por la
C-552. Las rías de esta zona son pequeñas
debido a la cercanía de las montañas, de las
que parecen colgar pequeños pueblos como
Fisterra, Camariñas o Malpica. La ría de
Corme-Laxe, la de Camariñas y la ría de
Corcubión dan vida a la Costa de la Muerte.
Tierras de misterio
Desde A Coruña, por la C-552, nuestro primer
destino será Corme-Porto, una de las dos
poblaciones que conforman la Ría de Corme-Laxe.
Desde la comarcal buscaremos la población de
Ponte Crespo, a la que llegamos por una
carretera local, y siguiendo el camino
acabaremos en Corme, una población marinera
que se estira hacia el norte ofreciendo una
estampa de gran belleza. Aquí descubriremos
una intensa gama de matices, de colores
vivos que se emplean para cubrir paredes,
ventanas y balcones.
Antes de
dirigirnos a Laxe, observando la Ría desde
Corme, vemos que su silueta se parece a un
monstruo prehistórico con sus fauces
abiertas entre la Punta Roncudo y la Punta
Insúa. Su cola alargada y cimbreante se
adentra en el curso inferior del río Anllóns.
Además, alrededor de la ría encontramos una
impresionante costa acantilada, granítica y
con formas caprichosas que parecen haber
sido labradas por la paciente mano de un ser
misterioso. Oquedades que se asemejan a
pilas de iglesia, nidos como labrados por
mil avispas..., todo se une para darle mayor
sensación de misterio a este tramo de la
Costa de la Muerte
Siguiendo el
camino por las carreteras locales llegaremos
a Laxe, donde destaca la iglesia del siglo
XIV, así como su gran playa de fina arena.
La
ría de Camariñas
Lo mejor para continuar nuestro viaje es
seguir por carreteras locales y poner rumbo
a Camariñas para conocer la Ría que lleva su
mismo nombre.
La pequeña ría
de Camariñas, tras una ancha y brava
entrada, viene a morir mezclando sus aguas,
mansamente, con las del río Grande. Su
desembocadura, el cabo Vilán al norte y la
Punta da Barca son los tres vértices del
irregular triángulo que enmarca la ría.
Dos villas
pesqueras presiden esta lengua marina, una
al norte, Camariñas, y otra al sur, Muxía.
La primera llama la atención por el intenso
colorido de sus casas, que orillean unas
calles pequeñas e irregulares. En Muxía,
villa de calles estrechas y casas de piedra
adornadas con molduras de hierro, el faro es
sustituido por el santuario de A Virxe da
Barca, construido sobre las rocas del
litoral frente al mar bravo de la Costa de
la Muerte.
Aquí
se acababa el mundo
Precedida de la larguísima playa de
Carnota, la ría de Corcubión se orienta de
sur a norte entre el cabo de Fisterra, lugar
donde comenzaba el mare tenebrosum de los
romanos, y el monte Pindo. Tres ríos
desembocan en las aguas de esta ría: el
Xallas, el Brens y el Cée, cuya
desembocadura, en el fondo norte de la ría,
está flanqueada por las poblaciones de
Corcubión y Cée.
Estas dos
villas, muy cercanas geográficamente,
compiten por la primacía económica de la
zona. Mientras Corcubión destaca por su
aspecto señorial y su desarrollo pesquero y
turístico, Cée se centra en la industria y
el comercio. El valle que presiden, como
toda la ría, está rodeado de solitarias
playas de inolvidable recuerdo.
Para terminar,
desde Cée por la C-552 llegaremos a Carnota,
que es la playa más larga de Galicia y un
lugar perfecto para pasar unos días y seguir
descubriendo los misterios que encierra la
Costa de la Muerte, que nunca dejará de
sorprendernos.