Su base
fundamental es la temperatura del agua
aplicada, el agua caliente dilata los vasos
sanguíneos y poros y favorece la
transpiración, relaja músculos y
articulaciones y hace fluir la sangre a la
superficie del cuerpo.
El agua fría y el hielo constriñen los vasos
sanguíneos, reducen la inflamación y la
congestión superficial y hacen fluir la
sangre a los órganos internos. A veces se
añaden determinadas sustancias al agua para
potenciar la curación.
Con esta técnica se tratan una infinita
lista de enfermedades, bronquitis,
resfriados, fatiga, ansiedad, trastornos
menstruales, etc.... pero fundamentalmente
padecimientos musculares, reumáticos o
articulares y o trastornos de circulación.