La fitoterapia
puede definirse como una manera de mejorar
la salud mediante el empleo de las plantas
con propiedades medicinales o sus derivados.
Esta doctrina utiliza los llamados
fitofármacos y los productos herbarios.
Los
fitofármarcos son una serie de plantas
medicinales y sus derivados, que ostentan el
nombre de medicamento o que en su defecto
han demostrado suficientemente su eficacia y
seguridad para el tratamiento de
determinadas enfermedades. Por otro lado,
los productos herbarios están elaborados con
plantas medicinales cuyas propiedades
beneficiosas se basan en la tradición, y
cuyo uso se encuentra en la práctica
cotidiana de la mayoría de la gente, como
por ejemplo, la manzanilla para los
trastornos intestinales o la tila como
tranquilizante.
La mayoría de
las plantas tienen alguna propiedad
beneficiosa para la salud y la curación. Por
ejemplo, el orégano es recomendable para la
inapetencia, las diarreas o disminorreas. Y
su uso tópico está indicado para afecciones
como la sinusitis, otitis, heridas o
úlceras.
También tiene
cualidades beneficiosas el famoso ginseng,
que a parte de su indicación correspondiente
a la disminución de la lívido, es bueno para
estados de estrés, ansiedad,
inmunodeficiencias, fatiga física y
psíquica.
Seguimos
enumerando algunas de las plantas con las
que nos relacionamos comúnmente, por
ejemplo, el cardo que es aconsejable para la
hepatitis, estados en los que se requiera un
aumento de la diuresis y afecciones
genitourinarias. La remolacha es ideal para
la cirrosis, la prevención de la
arteriosclerosis, la anemia o la fragilidad
capilar. O la calabaza, que aparte de ser
una verdura espléndida puede ser un gran
combatiente contra los parásitos
intestinales y el insomnio. Podríamos seguir
así hasta agotarnos, así que por último
hablaremos del rosal, óptimo para el acné,
la faringitis, conjuntivitis y úlceras
cutáneas.
Pero las plantas no sólo nos pueden ayudar a
mejorar nuestra salud, sino que además
estéticamente son unas aliadas muy
prácticas. Desde la antigüedad se habla de
la cosmética natural.
En Egipto se
utilizaba el polvo de hena para tintar el
cabello, las uñas y las palmas de las manos
y los pies, o el khol que se utilizaba para
pintar las cejas y los ojos. También se
utilizaban perfumes de sencilla elaboración,
debido a que la destilación no estaba
descubierta, como el kyphi, perfume sagrado
que era usado en el embalsamamiento del
faraón. Esta esencia estaba hecha con mirra,
ciprés, canela, enebro, miel y pasas
maceradas.
Los egipcios
también eran muy aficionados a los aceites
aromáticos, los cuales utilizaban para
suavizar la piel y como componente del baño.
Sus principales ingredientes los encontraban
en resinas olorosas, en la madera, en el
sándalo...
El arte de la
aromaterapia
Otra
antigua doctrina que ahora está muy de moda
es la aromaterapia, que es la denominación
moderna que se da al arte milenario de
cuidar al ser humano mediante los aromas.
Diversas investigaciones científicas afirman
que los olores llegan directamente al
sistema límbrico en el cerebro, encargado de
regular los procesos emocionales y físicos,
y se ha comprobado que determinados aromas
tienen efectos terapéuticos.
En la
aromaterapia se utilizan básicamente aceites
esenciales que promueven el bienestar del
cuerpo, la mente y las emociones. Y pueden
llegar a aliviar dolores como los
menstruales o tener efectos estimulantes o
sedantes. Los aceites esenciales son
sustancias odoríferas volátiles de las
plantas, se pueden encontrar en finas
vesículas situadas en las células vegetales
de flores, frutas, cortezas, semillas o
raíces y están formadas de innumerables
componentes químicos