Pocas estaciones
han sido tan asociadas a la sensación de
melancolía como la que, en nuestro
hemisferio, acaba de empezar.
Sin embargo, el otoño es mucho más que tonos
grises y ánimos entumecidos.
Verdes oscuros, dorados en todos los
matices, ocres, pardos y colorados tierra
... la naturaleza brinda poderosos matices
en estos meses.
Además, las
condiciones climáticas y atmosféricas (que
de por sí condicionan la visibilidad)
aportan una luminosidad muy particular por
estos días. Y eso tiene una influencia
directa en el modo en que registramos
ciertas tonalidades.
"El color existe
porque hay matices y graduaciones de tono
proporcionados por las ondas lumínicas
-afirma el especialista Eulalio Ferrer en
Los lenguajes del color-; pero, como en
tantos otros fenómenos perceptivos, la
imaginación se encarga de hacer lo demás."
Entonces, ¿por qué no darle rienda
suelta a la fantasía y dejar que lo mejor
del espíritu otoñal nos inspire e ingrese en
nuestro hogar?
Cambian
los colores
Mucho antes del
cambio de coloración del paisaje, percibimos
la llegada del otoño en la calidad de la luz
solar. Se suavizan los ángulos y contrastes,
mientras que las sombras ya no son
protagonistas.
Entonces, si se
trata de ambientar el hogar, habrá que
familiarizarse con este especial clima
visual.
¿De qué nos
hablan los tonos imperantes en estos meses?
¿Con qué tradiciones se ponen secretamente
en contacto? El dorado, uno de los registros
más frecuentes, tiene una orgullosa
historia. Los griegos identificaban con este
color a la primera raza de seres humanos,
habitantes de una mítica época de esplendor.
Por otra parte, Goethe, en su teoría del
color, calificaba al amarillo puro y claro
como "alegre" o "risueño". Respecto del
amarillo rojizo, el escritor alemán lo
consideraba netamente energizante.
¿En qué
espacios de la casa conviene ubicarlos?
Si la idea es renovar la pintura, se puede
destacar una pared en estos tonos, y dejar
el resto en blanco.
¿Una
alternativa vivaz? Amarillos con
naranjas.
Este último
color, también presente en la naturaleza
otoñal, es ideal para aportar un toque de
color azafranado a los almohadones, lámparas
y velas. ¿Una excelente combinación?
Cercanos a cortinas amarillas, dos taburetes
en anaranjado.
Los verdes, irán
de maravillas en la pared del comedor o en
un vestíbulo. Es el color del reposo y la
satisfacción, por lo que también serán
ideales en divanes y mullidos sillones. Si
elige esta opción, no olvide las alfombras
pardas, veteadas en negro y rojo. Su
rusticidad hará de contrapunto a la suavidad
del verde (igual que en un paisaje otoñal).
Y, finalmente,
está el ocre. Este amarillo oscuro, presente
en libros y fotografías antiguos, es un tono
que remite a la nostalgia. Aplicado en
detalles estratégicos, como marcos de
espejos, floreros, cuadros y simpáticos
cuencos artesanales, constituye un aporte de
bienvenida delicadeza.
Vocación
natural
Claro que no
todo pasa por el color. Los objetos de
vidrio, siempre sugestivos, pueden ser
interesantes mensajeros de lo que ocurre
puertas afuera de casa. Frutos, hojas secas
y restos de ramitas constituirán sutiles
referencias al aspecto de parques y plazas.
Se lucirán en tinajas, bochas o cuencos, a
los pies de una mesa baja o en algún estante
de la biblioteca.
¿Y si apostamos
a las texturas? El papel artesanal
constituye un sugerente recurso. Existen
atractivos sets de escritorio en los que
este material juega un rol preponderante.
Superficies pintadas a mano en tonos tierra
y beige recubren simpáticos portacartas,
cajas de madera, cuadernos, agendas y
álbumes de fotos.
En papel
arrrugado también se ofrecen originales
cuadros con motivos naturales. Pueden
colocarse agrupados en coloridos conjuntos o
solos, presidiendo nuestro rincón favorito
del living.
Los géneros son
otro rubro para ser considerado. La calidez
y contundencia del jacquard es una cita
impostergable para los primeros días fríos.
Pueden encontrarse modelos nacionales, con
delicados diseños y estampados. En beige,
aplicados a todo tipo de tapizados, vestirán
agradablemente los sectores más concurridos
de la vivienda.
Por otro lado,
los caminos confeccionados en telar
constituyen un efectivo detalle rústico para
las mesas del comedor o el living. ¿Los más
recomendables? Aquellos que vienen en tonos
crudos.
En resumen: se
trata de establecer cierta armonía con un
exterior que aún no impone los rigores del
invierno. "En estos meses todavía no es
necesario climatizar artificialmente los
ambientes. En consecuencia, la relación
entre interior y exterior es fluida." Nada
mejor, entonces, que acentuar esa
comunicación mediante texturas naturales,
maderas cálidas, luces filtradas y un
armónico conjunto en el que predominen los
otoñales ocres, dorados y verdes musgo.