El psicoanálisis señala que en todas las
personas existen pulsiones -fuerzas en el
límite entre lo orgánico y lo psíquico-
tanto de vida como de muerte.
La pulsión de vida es casi siempre más
fuerte porque va acompañada del instinto de
conservación de la especie, sin embargo,
suele ser superada por el deseo de morir
producto de alteraciones en el ánimo o
situaciones límites de conflictos familiares
o personales.
Adolescentes en riesgo
Las exigencias del mundo cotidiano recaen
cada vez con más fuerza sobre los jóvenes.
Están instruidos respecto a rendir
académicamente como la única manera de
asegurar su futuro, se sienten comprometidos
con sus padres por el esfuerzo que hacen
para darle la mejor educación y
están en la constante búsqueda del éxito
social para asegurarse un lugar en el mundo.
Sus padres trabajan la mayor parte del día,
por lo tanto, también están más solos.
Pero, ¿qué puede llevar a un adolescente a
tener fantasías suicidas y peor aún, a
elaborar una intención clara respecto a
querer suicidarse?.
Entre otras cosas está el deseo desesperado
de llamar la atención, pero no en términos
de manipulación, sino que realmente como una
manera de pedir ayuda, y asimismo, la
necesidad de escapar de la realidad y
descansar por fin del sufrimiento que
significa para algunos jóvenes vivir .
Tanto las fantasías como la intención
suicida, obedecen por lo general a un estado
depresivo mayor.
Además del trastorno depresivo mayor, las
ideas suicidas también responden a
trastornos de la personalidad bipolar, es
decir, trastornos del ánimo oscilantes donde
se alternan estados depresivos con estados
de euforia, drogodependencia, trastornos del
comportamiento como por ejemplo jóvenes que
roban autos y que se arriesgan a tener
problemas con la justicia, adolescentes
violentos y cuadros esquizofrénicos.
Existen factores genéticos que predisponen a
los jóvenes al suicidio, especialmente si
existen casos al interior de su familia.
Asimismo, por otra parte, cobra mucha
importancia el aniversario de una pérdida,
porque la idea suicida puede activarse en
una fecha determinada, en especial si
emocionalmente el adolescente está alterado.
También frente a circunstancias que
ocasionen pérdidas, como cambios de casa o
colegio que impliquen el alejamiento de los
amigos.
Factores de estrés familiar como problemas
económicos, alcoholismo o drogadicción de
los padres, violencia intrafamiliar,
violación o abuso sexual al interior de la
familia junto a problemas graves de
comunicación, también pueden llevar a un
adolescente a pensar en suicidarse y a
intentarlo.
Señales de alerta
En el adolescente, una de las señales más
claras es el aislamiento. Si bien es natural
que los jóvenes se aíslen y estén largas
horas en su habitación escuchando música o
hablando por teléfono, no es normal que se
desconecten de sus padres, amigos y
compañeros.
Los padres deben estar especialmente atentos
a algunas conductas de riesgo como cuando
los jóvenes cruzan de un balcón a otro,
cuando caminan por el borde de una ventana
en altura o de un puente, si sospechan que
su hijo maneja a alta velocidad o contra el
tránsito, si su hija tiene conductas
sexuales promiscuas o ante cualquier signo
autodestructivo.
En algunos casos los adolescentes
manifiestan de forma evidente su intención
de matarse o morir, con frases como
preferiría estar muerto a soportar que me
traten así o qué ganas de morirme
para no verte más.
Lógicamente ante estos casos, los padres no
pueden esperar ninguna otra señal de alerta
y deben consultar con urgencia a un
especialista.
Aunque muchas veces los adolescentes ponen
barreras entre ellos y sus padres, para
derrotar al suicidio es fundamental estar
presente -de cualquier manera- en la vida de
los hijos.
De manera respetuosa, sin invadir sus
espacios personales ni irrumpir en su mundo,
los padres pueden establecer lazos de
cercanía afectiva mostrando una preocupación
real por lo que les sucede y acompañándolos
emocional y físicamente.
Resulta vital, además de estar alerta a las
señales suicidas, detectar los estados
depresivos que puedan presentarse en el
adolescente, ya que la depresión puede
superar en poco tiempo el interés por vivir,
y transformar la vida de los jóvenes en un
malestar continuo y peligrosamente doloroso.