El desarrollo de la sexualidad humana
empieza con el contacto físico, cuando los
bebés son sujetos y acariciados. Eso es
necesario y natural que ocurra. No se debe
privar al bebé de contactos corporales. Es
necesario reconocer al niño como ser
sexuado, en relación consigo mismo y con
otros, para que se construya una identidad
sexual propia. La sexualidad infantil es una
de las puertas por la cual el niño
desarrolla su personalidad y sus relaciones
con la afectividad.
Las interferencias
Los caminos que llevan al conocimiento de su
propio cuerpo, de sus sensaciones, etc., no
siempre son los más adecuados para los
niños. Hoy día, las interferencias en este
proceso de aprendizaje hacen que el niño
esté, cada vez más temprano, expuesto a unas
manifestaciones severas, y en muchos casos
incomprensibles, de la sexualidad. El culto
a la belleza, al físico y la seducción, en
los medios de comunicación, no distinguen la
edad de su publico.
Hay un abuso de las manifestaciones
sexuales, al cual los niños están
indiscriminadamente expuestos. Los
contenidos sexuales pueden acelerar las
manifestaciones de los niños en el tema de
la sexualidad, considerando que ellos
aprenden imitando lo que ven de sus padres,
de la televisión, out-doors, de bailes y
ropas eróticas de moda, etc. Las malas
influencias conceden nociones equivocadas y
perjudiciales al niño.
De una forma general lo único que puede
evitar estas malas interferencias es la
familia. Son los adultos, los padres, que
deben ejercer el papel de filtro de las
informaciones. Es necesario crear y mantener
un canal abierto de comunicación con los
hijos, espacios de discusión y de
intervención sobre lo que es correcto y lo
que no, relacionados a todos los temas, y en
especial a la sexualidad. Es conveniente
vigilar muy de cerca el entorno y las
actividades del niño, para orientarle cuando
se crea necesario. En la medida de lo
posible, no se debe perder ninguna
oportunidad para entablar conversación sobre
sus dudas, intereses, etc.