No lo hace para fastidiarte,
aunque lo parezca.
A partir de los 11 meses el bebé
presenta indicios de cierta independencia y
con el paso de los meses esta concienciación
va en aumento. Hacia los 18 meses ya ha
aceptado que es una persona autónoma de sus
padres, y sobre todo ha supuesto un
descubrimiento importantísimo, saber que es
un ser distinto a su mamá.
Con dos años el/la pequeño/a necesita
reafirmar esa independencia adquirida y para
ello tratará de ponerte a prueba a ti y a su
padre. Se mostrará testarudo/a en sus
decisiones y hará uso del vocablo “¡no!”
constantemente. Su obstinación le hará
actuar en dos direcciones, por un lado se
negará a acatar vuestras órdenes y por otro
querrá imponer sus deseos como sea.
No es que quiera chincharos, esta actitud no
es más que el resultado de su aprendizaje.
Inconscientemente él/ella siente que debe ir
más allá. Así que no debes preocuparte por
los motivos de su comportamiento, no es más
que una parte de su educación en lo que es
la vida y una muestra más de que se está
haciendo mayor.
No obstante, es natural que te inquiete cómo
solventar esta situación.
¿Cómo hay que reaccionar?
Aunque es difícil mantener la calma, no te
dejes llevar por los nervios, si actúas
tranquilamente esta será tu mejor arma para
atajar el mal comportamiento de tu hijo/a.
Si reaccionamos a gritos y nos ponemos
nerviosos el/la pequeño/a capta que ha sido
él/ella quien nos ha puesto en ese estado y
adopta la idea de que nos domina. Es decir,
que se comportará igual la próxima vez
porque ha descubierto que sabe hacerte
perder los papeles y que así se sale con la
suya.
Debes ser tú quien marque los límites.
Mantén tu postura siempre firme porque si
alternas la firmeza con la cesión sobre un
mismo aspecto, lo desorientarás.
En el momento de indicarle una obligación sé
directa y breve. No te andes con rodeos.
Ante la negativa de seguir tus órdenes
ofrécele siempre una explicación, que sepa
que hay un motivo para hacer las cosas de
una determinada manera. Así también
fomentarás su inteligencia.
Déjale tiempo para que reflexione solo/a.
Como se ha acostumbrado a contestar con
negativas quizá no ha pensado lo suficiente
lo que le has dicho y unos minutos más tarde
puede cambiar de opinión.
Ten en cuenta que los niños también tienen
amor propio, por eso no es bueno que tu
hijo/a sienta que siempre pierde ya que con
ello estaríamos hiriendo su orgullo
constantemente. Dale alternativas a su “no”
mostrándole alguna ventaja que sacará con
ello, así compensarás lo que no desea hacer
con algo que sí le gusta. Seguro que acabará
aceptando y además sin sentir que ha perdido
la “batalla”.
Cultiva su buen comportamiento predicando
con el ejemplo, o sea, no debe extrañarte
que lance su ropa violentamente cuando se
enfada si ha visto que es lo que tú haces
cuando estás irritada... Si es este el caso,
primero debes cambiar de hábitos tú.