Aparte de las normas de la mesa, se le puede
ir enseñando también a tener las manos y las
uñas limpias, y que debe lavarse siempre las
manos antes de comer. También que debe
sentarse a la mesa, arreglado y con la ropa
limpia. De igual manera, después de terminar
de comer. Enseñarle a recoger la mesa, a
lavarse los dientes y a cambiarse de ropa si
se ha manchado.
Ya en sus primeros pasos como una personita
educada, debemos enseñarle que no se empieza
a comer hasta que todas las personas de la
mesa están servidas y no lo empieza a hacer
alguno de nuestros mayores. Que no se come
con la boca abierta, que no se habla con la
boca llena o que no se chilla o vocea en la
mesa.
Solamente a los niños muy pequeños, y que
aún no están muy habilidosos con los
cubiertos, se les pone la servilleta a modo
de babero. Los niños ya más crecidos deben
empezar a utilizar la servilleta en el
regazo, como los mayores. Y hay que
enseñarles que la servilleta no es una trapo
para limpiar los cubiertos, la mesa, las
copas, etc., sino que sirve para limpiarse
los labios antes y después de beber, para
limpiarse alguna pequeña mancha de la cara
(de salsa, de puré, etc.).
Hay que enseñarle, también, a utilizar de
forma correcta los cubiertos. Como se
sostienen, como se corta, como se pincha,
etc. No obstante, puede ser que en
determinados casos tengamos que darles una
pequeña ayuda ya que ellos solos no podrán
cortar ese trozo de carne un poco dura, o no
sabrán como empezar a comer un determinado
plato.
Una de las mayores disputas a la hora de
sentar a los niños a la mesa es la postura.
Les suele gustar moverse, sentarse de lado,
inclinar la silla, etc. Se deben sentar con
la silla pegada a la mesa, rectos con la
espalda pegada al respaldo de la silla (si
la silla es de su tamaño, claro), y deben
saber que no deben jugar con la silla,
balanceándose, por ejemplo, hasta caerse
como suele ocurrir a veces. Y tampoco se
levanta nadie de la mesa, antes de que todos
hayan terminado de comer.