La conducta
dirigida a obtener sensaciones de bienestar
y evasión de dolor o malestar se le define
como motivación extrínseca. La búsqueda esta
enfocada a alcanzar un producto. Mientras
que la conducta interesada en obtener
sensaciones de bienestar donde median unas
expectativas basadas en los procesos o
experiencia en lugar del objeto, se le
denomina motivación intrínseca.
A los jóvenes en la escuela se les motiva
mayormente a unas metas académicas,
objétales, en lugar de ejecución. Ambas
deben ser aplicadas pero no prescindir una
de la otra. Es esto lo que desmotiva al
estudiante y aumenta la deserción escolar.
El joven estudiante que orienta sus
expectativas a ¨¿puedo hacerlo?¨ en lugar de
¨¿como puedo hacerlo¨, se interesa en la
respuesta al problema en lugar de
involucrarse en el proceso a seguir para
resolverlo. Los estudiantes hacen las tareas
para lucirse; por el reconocimiento del
maestro, por competir, comparando sus notas
con los demás y si cometen un error estiman
que es un fracaso. La motivación es
extrínseca. El estudiante enfocado en el
proceso, en aprender – en ¨prenderse a¨ un
saber – visualiza al maestro como una fuente
de ayuda, autoevalúa su progreso a las
destrezas adquiridas por criterios propios.
Su motivacion es intrínseca. El joven
atribuye sus éxitos a causas internar y su
propio esfuerzo.
Como adultos podemos enfocar el aprendizaje
al proceso a seguir en lugar de la respuesta
o resultado. A no criticar o enjuiciar y a
instruir, facilitando los procesos de
aprendizaje.
La deserción escolar es el desanimo, la
pobre motivación y apatía del joven a
experimentar el proceso de su adolescencia a
un paso certero en un espacio sano. La
experiencia callejera, la escuela de la
delincuencia con sus consecuencias o
expectativas proyectadas en un sistema de
juicios y opiniones, no contribuye a la
educación del joven puertorriqueño.