Todos los
hijos, ya sea que hayan llegado a nosotros
por nacimiento o por adopción, son
diferentes a cualquier otro niño del mundo,
están influídos por nuestras costrumbres,
nuestros intereses, nuestras debilidades y
sentimientos. Asimismo, ellos tienen sus
características individuales , que no
podemos cambiar.
Algunos padres piensan que para criar un
hijo es suficiente usar una gran dosis de
amor y otra de disciplina, otros en cambio,
consideran que para lograr el éxito en la
relación padre-hijo hay un proceso bastante
más complejo, que tiene que ver con una
cantidad de de conceptos que van surgiendo a
medida que el niño crece y se desarrolla y
que hay que irlos resolviendo en su momento.
De todos modos la aspiración es lograr que
los hijos se crien bien y que se transformen
en adultos felices y bien adaptados a su
realidad social, sin importar si son hijos
adoptados o no.
De hecho, muchos padres piensan después de
la adopción que no hay diferencia entre
criar a sus hijos adoptivos que a otros que
lo son por nacimiento. Esto varía un poco
según la edad que tenga el niño en en el
momento que es adoptado y según como fue el
proceso de adopción. Si éste fue
relativamente rápido y sencillo, se toma la
situación con mucha naturalidad, en cambio
si fue un proceso largo, posterior incluso a
años de tratamientos para tratar de tener
hijos propios, el niño llega a una familia
muchas veces hipersensibilizada, donde temen
educar al niño e imponerle disciplina por
temor a que éste no los quiera.
Muchos padres niegan dentro y fuera de la
famila la condición de "adoptivo" de su
hijo, por diferentes temores, relacionados
con el niño y la sociedad.
Sin embargo las experiencias de los adultos
adoptados, así como la de los profesionales
de la salud, indican que el proceso de la
inserción en la familia debe ser nuy
cuidadoso, ya que el niño en algún momento
de su vida se cuestionará su aceptación en
la familia adoptiva y también tarde o
temprano se preguntará la causa por la que
sus padres biológicos no lo criaron.
Estas preguntas, normales y naturales, si
son bien resueltas ayudarán a que el niño
logre un buen equilibrio consigo mismo y
dentro de la sociedad. Es vital ayudarle a
comprender las razones de su inserción en la
familia y la importancia de su rol en ella,
y explicarle las dificultades que
atravesaban los padres naturales en el
momento de darlos en adopción.
Por el bien del niño, no debemos negar jamás
(ni siquiera en forma implícita, por evitar
el tema) que nuestro hijo adoptivo tiene una
herencia genética diferente de la nuestra.
Nuestra comunicación con el niño acerca de
la adopción debe ser un proceso gradual,
abierto y sin obstáculos. Nuestra meta final
debe ser ayudarlo a lograr una armonía total
entre su historia genética, su autoidentidad,
su herencia étnica y sus nuevos lazos
familiares.