Si lo que quieres es no sólo un bloqueo,
sino un rompimiento en el proceso de
comunicación, entonces regáñalo y fuerte, de
preferencia delante de sus amigos. Esa es
una de las mejores estrategias para hacer
trizas el proceso de comunicación entre los
padres y su hijo adolescente.
A nadie le gusta que lo regañen, que lo
critiquen o que lo hagan sentirse
inadecuado. Si eso nos sucede a los adultos,
a los adolescentes con mayor razón, ya que
debido al proceso de transformación que
viven, experimentan una sensibilidad a flor
de piel.
Eso no quiere decir que los hijos
adolescentes son intocables. Los padres
tenemos la obligación de orientar y corregir
a nuestros hijos. Pero si no lo hacemos de
la forma adecuada, nos desgastaremos
inútilmente, haremos sufrir a nuestros
hijos, afectaremos negativamente la
comunicación y la convivencia familiar, y a
fin de cuentas, no lograremos lo que
buscamos: ayudarlos a ser mejores.
Cuando veas que determinada conducta,
actitud o proceder de tu hijo adolescente lo
perjudica o puede llegar a dañarlo,
ciertamente como padre o madre de familia
tienes que hacer algo al respecto. Antes de
actuar, ten bien presente lo siguiente:
1. ¿Qué es lo que
realmente busco?
Muchas veces
los padres consideramos una conducta como
inadecuada, no tanto porque realmente lo
sea, sino porque nos molesta en lo personal
(la música ruidosa o cierto tipo de
vestimenta), y al llamarles la atención
sobre eso, buscamos más nuestra comodidad
que el bien del hijo.
Vale la pena preguntarse con toda
honestidad: ¿Busco realmente su bien, o mi
propia comodidad o beneficio?
2. Asegúrate de que el móvil es
el amor
Una verdadera corrección tiene que estar
fundamentada en el amor. Si quieres llamar
la atención de tu hijo porque lo amas y
quieres su bien, entonces vale la pena
actuar y buscar la mejor estrategia para
lograr tu cometido.
3. Identifique con
precisión la conducta inadecuada
Con
frecuencia tendemos a ver las cosas en forma
genérica o global. Por ejemplo, catalogamos
a nuestro hijo como desordenado, inmaduro o
irresponsable. Si queremos corregirlo
pidiéndole que sea más responsable, no nos
entenderá y no lograremos nuestro propósito.
Tenemos que ser más específicos hablando de
cosas como: termina tu tarea antes de salir,
evita dejar tu ropa tirada en el piso, esa
manera de hablar es inaceptable aquí en la
casa...
4. Cuente hasta diez
Asegúrate de
que no estás actuando por impulso. Si te
sientes molesta o irritada, si te sientes
alterada, lo más probable es que al llamar
la atención a tu hijo proyectarás esos
sentimientos negativos y harás que el regaño
sea contraproducente. Perderás autoridad
moral ante tu hijo porque se sentirá
agredido y no te pondrá atención.
Si los puntos mencionados se deben tomar en
consideración antes de reprender a un hijo,
especialmente si se trata de un adolescente,
también es importante poner especial
atención a lo que se debe cuidar en el
momento mismo en el que se realiza la
llamada de atención.
Veamos a continuación algunos de esos
aspectos:
1. De persona a persona
Es importante
que una corrección, consejo o llamada de
atención se realicen en privado, en lo
individual, nunca delante de otros y mucho
menos frente a sus amigos.
2. Es importante escuchar
Toda moneda
tiene dos caras. Es importante escuchar a
los hijos, pedirles su versión de los
hechos. Puede que no estemos de acuerdo con
sus puntos de vista o apreciaciones, pero
hay que dejarlos hablar y sobre todo, hay
que escucharlos con atención y sin
interrumpirlos.
3. Empatía
Cuando nos dirijamos a nuestros hijos para
corregirlos o aconsejarlos, es importante
hacerles saber que los comprendemos y que
los amamos.
La simpatía quiere decir que sentimos lo
mismo que la otra persona. En cambio la
empatía implica que comprendemos los
sentimientos del otro, pero no sentimos lo
mismo. Debido a eso, podemos ver las cosas
con mayor objetividad y ofrecer mejores
soluciones.
4. Ante todo, respeto
Considera siempre a tu hijo como una persona
que merece respeto. Es un error insultar o
denigrar, porque eso crea resentimientos y
bloquea la comunicación.
No te impongas, convence, razona con tu
hijo, hazle ver el porqué de las cosas.
Hazle sentir que lo consideras una persona
inteligente, y no un tonto incapaz de
razonar.
5. Razona
Una llamada de atención, un regaño o un
consejo, deben tener un solo propósito:
ayudarle a ser mejor, a desarrollar todo su
potencial, a forjarse un futuro.
Hazle ver que no será eternamente
adolescente, que tiene que ver hacia
adelante, que tiene que visualizar a dónde
quiere llegar y comenzar a actuar en esa
dirección... desde hoy.
6. Llega a un acuerdo
No es suficiente regañar y ya. La llamada de
atención o el diálogo, tiene que llegar a
algo concreto: qué es lo que se va a hacer o
qué es lo que se va a evitar, ésto tiene que
establecerse de común acuerdo, si no, todo
quedará en palabras.
7. Dá seguimiento
Una vez que se estableció un compromiso o se
llegó a un acuerdo, no hay que dejarlo en el
olvido. Es importante darle seguimiento, es
decir, verificar que se cumple lo pactado,
reuniéndose regularmente con él para ver
cómo van las cosas.