Es un período crítico, voluble, turbador, al
cual padres y adolescentes temen. Los padres
porque ignoran las reacciones del hijo en
ese período y cómo acercarse a él sin que se
rebote, y el propio adolescente porque teme
el descontrol.
Para los padres es difícil entender que los
hijos crecen y pueden pensar y actuar por sí
mismos y para los "pequeños rebeldes"
llamados adolescentes la madurez se les sube
a menudo a la cabeza.
Seguro que todos recuerdan su propia
adolescencia, con esos cambios de carácter
inexplicables, esas sensaciones corporales
que se escapaban a nuestra comprensión y
esas ganas de comerse el mundo y todo
aquello que estaba prohibido. Nuestro primer
contacto con el alcohol, nuestro primer beso
y nuestra primera decepción en el amor.
El adolescente se lanza de forma impetuosa a
buscar experiencias porque cree ya ser mayor
y suficientemente inteligente para salvar
todos los obstáculos que se le atraviesen en
su camino hacia la consecución de sus
objetivos. Pero a menudo parece que todo
sale mal y además sólo puede confiar en los
amigos porque los padres parece que dejaron
de comprenderle.
El equilibrio se ha roto, los padres dejaron
de protegerle y tiene que enfrentarse con
diferentes retos en la vida que le
conducirán al mundo adulto. A menudo en este
camino tropiezan con otros adolescentes
cuyos vínculos familiares no sean demasiado
fuertes, cuyos padres han dejado de
preocuparse por ellos, o simplemente que
sufrían algún trastorno conductual. Nuestro
adolescente es todavía frágil y antes
escuchará a uno de los suyos que a ustedes,
sus padres. Con esta suposición quiero
llegar a un tema muy común dentro del grupo
llamado Adolescentes y me refiero a "la
delincuencia juvenil".
Llamamos Delincuente a "aquella persona
joven que ha sido procesada y se la ha
encontrado culpable de una ofensa que
se calificaría como delito si la hubiera
cometido un adulto". Los delitos más comunes
son aquellos que atentan contra la propiedad
y de violencia personal.
Hay diferentes teorías que explicarían la
delincuencia entre los jóvenes, entre ellas
está el contacto con otros modelos
delictivos, valoraciones entre sus
compañeros de ser una persona que se
arriesga, que busca estímulos excitantes o
que es el más fuerte.
El pronóstico de los delincuentes es
bastante malo porque a menudo estos sujetos
viven en barrios marginales y si no son
sacados de ese entorno es muy difícil, por
no decir imposible, que abandonen la
delincuencia.
Cuando se trata de trastornos de conducta la
mejor terapia es la conductual, modificación
de conducta, a la vez que trabajaremos con
su entorno inmediato para lograr el cambio
de actitud.
Los adolescentes necesitan al igual que los
niños, de una vida familiar segura, de un
entorno adecuado donde poder encontrar la
estabilidad que les conducirá hacia la
madurez. Desorientados por sus
contradicciones internas, buscan con afán un
afecto y dirección donde poder comprender
qué les está pasando. El mundo se le aparece
bruscamente y así es como él lo explora, sin
orden ni concierto, sin inicio lógico; el
tiempo pasa pronto y tiene mucho que
absorber. Su propio "yo" le deja perplejo y
busca en agrupaciones, en valores
espirituales,.. comprensión. Se quiere al
amigo, se le admira, se confía en él y hasta
se le imita.
Los padres tendrán que mostrarse seguros
para afrontar ese período perturbador,
deberán incrementar las normas y orden y
sobre todo, tendrán que fomentar el
acercamiento afectivo hacia su hijo
adolescente porque en ese vínculo es donde
equilibraremos al adolescente para lograr
que esa etapa sea recordada como una de las
mejores de su vida y no como la peor.