Se la puede
considerar violencia doméstica porque,
aunque siempre ha habido hijos que pegan a
sus padres, este fenómeno está aumentando de
tal manera que empieza a preocupar a los
especialistas. Según la última encuesta
realizada por el Instituto de la Mujer, el
14 por ciento de las que sufren violencia en
casa tiene por agresor a su propio hijo.
Según Javier Urra, psicólogo de la Fiscalía
de Menores de Madrid y asesor de UNICEF:
“éste es un problema de mala educación, se
ha perdido el respeto a unos valores
naturales al ser humano. Vivimos en una
sociedad permisiva que educa a los niños en
sus derechos pero no en sus deberes, donde
ha calado el lema “no poner límites” y
“dejar hacer”, malogrando así una correcta
maduración”.
La mayoría de los adolescentes maltratadores
pertenece al grupo que el psicólogo ha
definido como “hedonistas-nihilistas”,
aquellos que consideran su casa un hotel,
cuyo principio es “primero yo y luego yo”,
que están convencidos que la obligación de
los padres es alimentarlos, lavarles la
ropa, dejarles vivir “a su aire” y
subvencionar todas sus demandas.
Son chicos que se han hecho con el poder en
casa a base de negar la autoridad de sus
padres y buscar sus puntos débiles para
hacerles más daño en la autoestima, diciendo
cosas como: “eres un fracasado” o “no sirves
para nada”. Algunos amenazan con el
suicidio, algo definitivo para muchos
padres.
No es extraño presenciar como niños de pocos
años dan patadas o puñetazos a su madre que,
sonriente y con dulzura les dice: “eso no se
hace”, o que les compra dulces o helados
después de haber sido insultada de manera
soez por el “tierno infante” para que se
calle y no alborote. Este fenómeno se suele
dar en padres que han sufrido una educación
más rígida y que no quieren actuar igual con
sus hijos.
Con el paso de los años el niño sufre
ataques de rabia, da patadas y golpes a la
madre y, en la adolescencia aumenta la
intensidad de las vejaciones, amenaza, roba
en el domicilio, la pega……. ¿Hay solución a
este problema? Los especialistas coinciden
en recuperar la jerarquía familiar, no mimar
al niño como si fuera de cristal y nunca
tratar al hijo como un igual. Actualmente,
en muchos colegios se impone la terapia
familiar (sesión del terapeuta con los
padres y el menor)
Los expertos son optimistas respecto al
futuro. Las nuevas corrientes pedagógicas
apuntan a fomentar el respeto a los mayores.
Es probable que los niños pequeños crezcan
de otra manera.