El proceso de
madurez sexual se inicia alrededor de los
doce años. Se trata del paso de la niñez a
la edad adulta en todos los aspectos:
físicos, psíquicos y sociales. Pero los
cambios más importantes son los biológicos,
que conducen hacia la adquisición de la
capacidad reproductora: a esto se le reserva
el término de pubertad.
Debido a estos cambios, la pubertad es un
período de grandes alteraciones en la
personalidad de los hijos. su humor va desde
la euforia a la depresión, de la rebeldía a
la sumisión, deseo de estar solo y luego de
estar acurrucado; en resumen, una emotividad
?irritaciones y lágrimas? a flor de piel,
manifestada principalmente en el propio
hogar. Se trata de una transformación tan
radical que puede llegar a asustar a nuestro
hijo si no le advertimos antes que esto
ocurrirá.
UN CAOS DE HORMONAS
Todo este proceso de cambios lo controla una
pequeña glándula, la hipófisis, situada en
la base del cerebro. En un momento
determinado para cada niño y niña, manda una
serie de hormonas por todo el cuerpo con un
mensaje al resto de las glándulas: "Es hora
de crecer, de hacerse adulto". Estas
glándulas son las suprarrenales, comunes
para ambos sexos, y las específicas de cada
uno de ellos: los testículos y los ovarios,
determinan los extraordinarios cambios
físicos para cada sexo.
En los hombres, los indicios de la
maduración suelen aparecer más tarde que en
las mujeres. Además, también varía bastante
el comienzo en unos niños y en otros, así
como la velocidad del cambio. Pero,
aproximadamente, a partir de los doce madura
el aparato reproductor, y crecen los
testículos y el pene.
En los testículos, se producen unos cambios
de extraordinaria complejidad que tienen
como consecuencia la formación de
espermatozoides. A partir de entonces se
crearán de forma continua, durante toda la
vida sexualmente activa del hombre.
En esta etapa comienza la actividad de los
órganos genitales. El niño experimenta la
primera emisión ocasional de semen. Esto
suele suceder generalmente por la noche,
durante el sueño. Se produce de forma
natural, con una sensación de placer. El
hijo debe saber que eso le va a ocurrir, que
es normal que así suceda y que se repetirá
de vez en cuando.
Si no hemos hablado de esto antes con el
hijo, es probable que se extrañe al amanecer
un día con su ropa y las sábanas manchadas y
que se asuste y malinforme. Si por el
contrario, sabe que es algo normal, que te
pasa a casi todos los hombres, vivirá el
proceso en forma natural. Entenderá, además,
que el cuerpo tiene un mecanismo propio para
expulsar el exceso de semen que, a partir de
la pubertad, generará continuamente.
MIEDOS Y FANTASíAS
Esta es una edad en que los chistes
"cochinos" encuentran bastante acogida entre
los adolescentes. También las historias
fantásticas en torno al sexo y las mujeres.
Es importante advertir que detrás de las
groserías suele existir bastante ignorancia
e incluso deformación de la verdad. Por
esto, sin escandalizarse, los padres deben
aprovechar para aclarar la serie de
preguntas que el hijo se plantea en torno a
su propia normalidad física y futura
capacidad sexual.
¡Cuántos adultos podrán recordar ahora los
mitos y fantasías que se crearon en su
imaginación a raíz de un chiste, dibujo o
historia!
Podemos, entonces, propiciar la conversación
con el hijo para reiterarle el verdadero
valor del cuerpo y del sexo, y de paso,
enterarnos de sus aprensiones. Quizás él
cree que tiene un problema físico y no se
atreve a contárselo a nadie. Sin quitarle
importancia, es la ocasión de verificar con
seriedad y naturalidad que todo está bien.
Incluso, si es necesario, consultar un
médico y comprobar que no falta descenso de
uno o de los dos testículos, ni hay fimosis,
o pequeño tamaño del pene por un exceso de
grasa en el pubis, o alteraciones en el
meato urinario... Son asuntos solucionables
ahora, pero que podrían causar
complicaciones en el futuro.
Evitemos que por erróneas delicadezas o por
vergüenzas no nos enteremos a tiempo de un
problema real.
Y si como adultos tampoco estamos bien
informados, habrá que corregir la ignorancia
consultando a quien corresponda. Es
importante saber, por ejemplo, que durante
los primeros años de la pubertad, hasta un
60% de los jóvenes presentan un aumento del
tamaño en una o en las dos mamas. Es debido
a que en este período del desarrollo, las
glándulas del varón producen una pequeña
cantidad de hormonas femeninas (estrógenos),
capaces de estimular el crecimiento de la
glándula mamaria.
El proceso desaparece espontáneamente en
pocos meses, en cuanto se alcanza el
correcto equilibrio hormonal. No necesita
tratamiento, pero se debe explicar
claramente al niño que es un fenómeno por
completo natural, pasajero y que ocurre en
la mayoría de los hombres de su edad.
INFORMACIóN SEXUAL
Todos los especialistas en educación
recomiendan dar esta información antes de
que ocurran los cambios. La pubertad no ha
de ser el momento elegido para explicárselos
a nuestros hijos, ya que en esa época él se
ve inmerso de lleno en el proceso. El tema
ya no es tan sencillo como ha podido ser en
etapas anteriores.
Adelantándose a la pubertad se evita que los
hijos se sorprendan o se asusten por lo que
les pasa. Además, facilita mucho el diálogo
el que no esté despierto todavía el instinto
sexual. Los papás pueden conseguir con su
hijo de diez años conversar sin ninguna
perturbación, ni influir en sus impulsos.
Para evitar mayores dilaciones, los papás
cortos de genio debieran fijarse una fecha
límite: cuando el hijo cumpla doce años debe
estar al tanto de todo lo que ocurrirá en su
cuerpo, de día y de noche.
Para hablar con nuestros hijos hay que usar
los términos correctos y estar bien
informado sobre lo que la biología nos ha
enseñado, pero además es clave abrir un
horizonte de idealismo al joven y sobre
todo, situar a la mujer en un plano
importante para él. Hasta esta edad, lo
común es que los niños no se hayan fijado
para nada en ellas y sería muy lamentable
que pasaran de la indiferencia a la
obsesión.
OTROS CAMBIOS
Durante la pubertad se producen otros
cambios:
? El estirón de talla típico de esta edad.
Comienza en unos límites de tiempo muy
amplios: en los niños más precoces, a los
diez años y medio. En otros, de maduración
tardía pero normal, a los 16 años. El
proceso se completa entre los trece años y
medio y los diecisiete años y medio en unos
y otros, aunque puede continuar un ligero
crecimiento durante varios años después del
estirón espectacular.
? Los músculos de los niños se vuelven mucho
más fuertes y mejor coordinados. Hay un
engrosamiento notable de las masas
musculares en las extremidades y el tronco,
a la vez que éste se ensancha por su parte
superior a la altura de los hombros.
? La piel también se ve afectada. La grasa
se hace más espesa y obstruye los poros por
los que debería salir al exterior. Esto da
lugar a las espinillas y al acné, quizás el
aspecto más desagradable de todos los
cambios físicos de la adolescencia.
La voz de los hijos comienza a sonar
diferente. Tanto, que puede ser un motivo de
vergüenza y sonrojo. Ocurre que los
cartílagos que forman el aparato fonatorio
en la laringe aumentan de tamaño,
sobresaliendo a través de la piel en lo que
se denomina "nuez". Las cuerdas vocales se
hacen más gruesas. Estos cambios hacen que
la voz se haga más grave y profunda. Durante
un tiempo variable, sin embargo, la voz
puede oscilar entre un tono agudo y otro
grave, produciendo los característicos
"gallitos".
Si queremos que la información sexual sea
realmente educativa, no podemos quedarnos en
proporcionar una explicación científica de
los cambios psicofísicos que se producen en
la pubertad. Esto pueden verlo los hijos en
cualquier libro. Los padres, en cambio,
podemos darle al proceso la dimensión humana
que posee.
CÓMO EXPLICAR
De todos modos, existen cuatro requisitos
básicos que no debemos olvidar, cuando
hablemos de estos temas con nuestro hijo
hombre:
? La información debe ser veraz.
? Debe ser oportuna en el tiempo y en la
situación.
? Debe darse con naturalidad.
? Debe ser siempre personal.
A todo esto hay que añadir un punto
esencial: una auténtica disposición al
diálogo en los padres. Diálogo, no monólogo
del padre. Hay que saber escuchar.
No se trata de convencer con argumentos
aplastantes, en conversaciones que más
parecen sermones. A partir de los doce años
hay que sugerir, suscitar temas, lograr que
sea el hijo quién piense y decida, que asuma
sus criterios. La información que le vayamos
proporcionando puede completarse con algún
libro o folleto que se adapte a su edad y
madurez. No cometamos el error de dárselo
todo digerido: no educa mejor el que suple,
sino el que enseña a formar criterio.
Se debe tomar en serio todo lo que el hijo
dice y examinar los pro y contras de lo que
se plantea, dándole elementos de juicio y
ampliándole horizontes para que el mismo
tome sus propias decisiones.
HOMBRES DE VERDAD
Todos estos cambios son evidencias de que el
niño, que hasta hoy se cree pirata y juega
al fútbol, va a desaparecer para siempre y
en su lugar aparecerá un hombre, capaz de
ser padre, de casarse y formar una familia.
Por supuesto, todos estos cambios de los
hijos no se completarán en la adolescencia,
sino años después. Pero una vez que se
inicia el proceso de maduración, nuestro
hijo nunca será el mismo.
El crecimiento de los órganos sexuales
masculinos se completa hacia los 16 ó 18
años, dependiendo de cada adolescente.
Coincidiendo con el inicio de este
desarrollo, aparece por primera vez el vello
en las axilas y en la región genital.
También crece el pelo en los brazos, el
pecho y la cara, especialmente en forma de
bigote.
EL APOYO DEL PADRE
- Para hablar de estos asuntos, el padre
suele ser el más indicado. Si es capaz de
hablar con confianza, podrá mostrar que
comparte las mismas vivencias.
- Las sábanas mojadas o manchadas no tienen
por qué sorprender a la mamá ni menos dar
pie a que se imagine cosas raras: es parte
natural del proceso y obviamente, jamás hay
que herir la necesidad de intimidad del
hijo, comentando el asunto con los demás
hermanos o hermanas.
- La información sexual, para ser
verdaderamente educativa, no puede quedarse
en una mera explicación científica: tenemos
que dar a todo el proceso la dimensión
humana que posee.
- En esta etapa los impulsos empujan a los
hijos a ponerse groseros. Si logramos dejar
en claro lo principal, esto desaparecerá con
la edad. Así y todo, sin escándalos, debemos
exigirle a él y a sus amigos que se refieran
siempre con respeto a las mujeres.
- Podemos aprovechar esta etapa y la
conversación que tengamos con el hijo, para
verificar con seriedad y naturalidad que no
existe ningún problema físico, fácilmente
solucionable ahora, que podría causar
complicaciones o hacer pasar malos ratos en
el futuro.