Ante estas manifestaciones la madre va
regulando las necesidades de su bebé y va
generando en él la capacidad de esperar,
esto es que cuando el niño llora no
necesariamente la madre tiene que dejar lo
que está haciendo para atenderlo en su
demanda, y de esta forma crea la frustración
óptima necesaria que le permite al bebé poco
a poco ir dándose cuenta que no todo puede
llegar de inmediato y encontrará la forma de
tranquilizarse. Por ejemplo, cuando
encuentra su dedo lo succiona y cede el
llanto.
En muchas ocasiones lo que nos llega a pasar
como papás es que ante el llanto y la
demanda de nuestro bebé nos gana la ansiedad
y acudimos de inmediato, y a veces sin
importar lo que estemos haciendo y desde
luego esto no va a favorecer esa frustración
óptima que mencionamos líneas arriba. Uno se
preguntaría: ¿Puede el bebé identificar que
su llanto genera un movimiento inmediato por
parte de los padres?, la respuesta es sí, ya
que desde edades tempranas el bebé puede
registrar con cierta claridad los
sentimientos y las emociones que tiene la
madre o bien quienes lo rodean, así como la
forma de conducirse, y es de esta manera
como se van dando y perpetuando las
modalidades de ciertas conductas.
La modalidad que nos ocupa son los
berrinches que efectivamente es una conducta
que se puede perpetuar y la podemos observar
incluso en la edad adulta, y todo porque no
se supo poner los límites a tiempo.
Muchos padres preguntan si el ponerle
límites al niño cuando hace berrinche no
provocará "que se traume", y esto es lo que
justamente los detiene para detener este
tipo de expresiones que el niño tiene, y
desde luego no las va a abandonar mientras
le den los resultados deseados, y esto es lo
que provoca un circulo vicioso difícil de
romper y que lleva a la perpetuación de esta
conducta.
Como podemos ver es más problemático no
poner los límites a tiempo, además de que
cuando éstos no son puestos verdaderamente,
nuestro hijo muchas veces nos llega a
rebasar y a sacar de nuestras casillas,
porque demanda no sólo que le compremos
cosas, sino también que quiere dormir con
nosotros, que no quiere comer lo que se le
prepara en casa sino únicamente lo que le
gusta, que algún día en particular no lo
llevemos a la escuela, que lo dejemos
quedarse con sus abuelos y así
sucesivamente. Cuando todo lo anterior se
presenta la sensación es de no saber qué
hacer y a veces llegamos a reaccionar de
acuerdo con nuestro estado de ánimo, si
estamos enojados le pegamos o bien le
gritamos y esto desde luego sí provoca
alteraciones en su desarrollo emocional,
pero no lo hace abandonar su modalidad de
conducta, porque el mensaje es confuso y el
límite no está claro.
Entonces nos preguntamos qué hacer con los
berrinches que hace nuestro hijo. En primer
lugar tenemos que estar conscientes e como
papás somos la autoridad y la guía de
nuestros hijos, por lo tanto tenemos que
educarlos y enseñarlos a respetar límites y
no creer que si frenamos la conducta del
berrinche lo vamos a traumar.
Debemos dejar que el niño haga berrinche
hasta que se canse, sobre todo cuando es en
casa y que no tenga lo que quiere,
recordemos que no hay mal que dure cien años
ni cuerpo que lo resista, así que cuando le
decimos a nuestro hijo que no puede dormir
con nosotros, cuando se canse de llorar se
irá a su cama cansado y se dormirá.
Cuando en el super nos hace un berrinche lo
sugerible es cargarlo y sacarlo de éste, lo
que provoca que desaparezca el estímulo y
entienda que cuando es no, es no.
Finalmente remarco de nuevo que nuestro hijo
no se va a traumar si le ponemos límites y,
por el contrario, lo vamos a llevar al
terreno de las negociaciones con nosotros,
lo cual es mucho más maduro.