El proceso de
adquisición comienza en los primeros meses,
etapa en la que ya somos capaces de
distinguir entre la lengua materna y otro
idioma. La adquisición de la lengua materna
se produce en el primer año, y en paralelo,
se van perdiendo parte de las habilidades
iniciales, de forma que hacia los 10 meses
los bebes ya no son capaces de distinguir
consonantes diferentes de las que pertenecen
a la lengua materna. A los dos meses y medio
los niños son capaces de distinguir la
lengua materna de otra, pero ya no son
capaces de distinguir entre dos lenguas
distintas a la materna. Es el primer paso de
la especialización, proceso por el que el
bebe prescinde de aquello que no le es útil.
A los seis meses distingue las vocales de su
lengua de las vocales distintas de otros
idiomas. A los siete meses identifica
secuencias de sonidos equivalentes a
palabras.
En condiciones normales de aprendizaje, las
competencias a los tres años en lenguaje son
muy importantes: dominio de estructuras y
capacidad para explicar ideas muy complejas.
Los llamados niños-lobos, que han vivido muy
aislados, no adquieren una competencia total
sobre el lenguaje. El lenguaje ocupa un área
específica del cerebro, y la mayor parte de
este espacio es reservada para la lengua
materna. Cuando posteriormente aprendemos y
utilizamos una lengua se activan áreas
cerebrales distintas de la que ocupa la
lengua materna.