Son los "daños
colaterales" que pagan los hijos del padre
"guerrero" y la mujer apaleada. Los datos
proceden de los estudios realizados por
Miguel Lorente Acosta, forense, profesor de
Medicina Legal de la Universidad de Granada
y colaborador del FBI.
Estos datos han sido obtenidos de las
estadísticas de los colectivos de mujeres.
Los estudios del Instituto Andaluz de la
Mujer indican que uno de cada tres hijos
sufre agresiones cuando la violencia es una
costumbre en casa.
No obstante, la ley española obliga a los
menores a ver a sus padres maltratadores, a
estar con ellos en visitas regulares y a ir
de la mano de la persona que en casa era el
autor de una constante pesadilla.
Los niños están siempre en primera línea de
fuego cuando se libra un combate doméstico
y, desgraciadamente, suelen ser utilizados
por el maltratador para localizar y agredir
a la madre. Detrás de una mujer maltratada
hay siempre un niño maltratado; estos hijos
sufren atrozmente las consecuencias:
físicamente porque también suelen padecerlo,
psicológicamente porque son testigos de las
palizas que recibe su madre.
La directora del Centro de Recuperación
Integral de Mujeres y Niños, Ana María Pérez
del Campo, cuenta: "Por esta casa han pasado
niños de meses que han sido rociados con
alcohol por su padre, mientras se les
amenazaba con un mechero en la mano; niñas
violadas desde pequeñitas... por el hecho de
ser padre biológico no debe tener derecho a
hacer lo que quiera; no sólo se es padre por
engendrar, se ha de exigir mucho más.
Dice Miguel Lorente, el autor de la
investigación, que cuando el hombre agresor
ve que va a perder a su pareja y que le
quitan los hijos, su razonamiento suele ser:
"Como yo quiero hacerle daño a ella, habrá
que dar donde más duele: hacerle daño a los
hijos". Esa motivación existe, porque muchos
lo han reconocido así.
En casos de separación donde medió
violencia, se dictan unas medidas
provisionales y es el juez quien establece
el régimen de visitas. "Estas visitas de un
agresor deberían prohibirse. Es preferible
prevenir y evitar las visitas de un
maltratador que exponerse a que éste ataque
a un menor" explica Miguel Lorente. La
situación de violencia generalizada que
padece la mujer la sufren también los niños.
Hay que incluirlos a ellos en los programas
de tratamiento psicológico y de protección.
Los colectivos de mujeres piden que se
suprima el régimen de visitas a hijos
después de una separación de los padres por
violencia de género. Cuando se maltrata a un
niño, no sólo se vulneran sus derechos
fundamentales, sino que se pone en peligro
su futuro y el de la sociedad en general.
"Todos debemos ser valedores de los niños
maltratados, porque ellos no cuentan nunca
su situación, bien por ser demasiado
pequeños, porque creen que los mayores no
van a escucharles, o bien porque consideran
que son merecedores del castigo que reciben,
generalmente en el seno de su propia familia
que, se supone, debe quererlos. Por eso es
más necesario el esfuerzo común por detectar
y denunciar estas agresiones" dice Pedro
Núñez Morgades, Defensor del Menor en la
Comunidad de Madrid.