Conviene que el
niño se levante con tiempo y dedique los
primeros minutos a las actividades de aseo y
cuidado personal antes, para así generar
sensación de hambre.
Cualquier
persona que realice un buen desayuno,
mejorará su estado nutritivo y también su
rendimiento.
Mejora de su
estado nutritivo. Tomar un buen desayuno
ayuda a tener ingestas más altas de la mayor
parte de los nutrientes que el organismo
precisa a lo largo del día. Los niños y
jóvenes que no desayunan suelen tener una
dieta de peor calidad, mientras que quienes
lo hacen adecuadamente, suelen hacer una
dieta menos grasa, más rica en
carbohidratos, fibra, vitaminas y minerales…
Control del peso. La práctica de repartir
las calorías durante el día en 4 ó 5 tomas
hará que no se sobrecargue el resto de las
comidas del día. Un desayuno adecuado, ayuda
a reducir el contenido graso de la dieta
diaria y contribuye a evitar que se pique
entre horas, factor muy importante a la hora
de controlar el peso.
Rendimiento
escolar, físico e intelectual. Quienes no
desayunan ponen en marcha una serie de
mecanismos en el organismo (descenso de la
insulina y aumento de cortisol,
catecolaminas…) para mantener la glucemia a
niveles aceptables. Estos cambios hormonales
pueden alterar o condicionar la conducta e
influir negativamente en el rendimiento
físico y escolar.
No desayunar es
una mala costumbre. Un buen desayuno debe
contener raciones de los grupos básicos de
los alimentos:
- Farináceos: pan, cereales, tostadas,
galletas… proporcionan hidratos de carbono
de absorción lenta que aportan energía y,
vitaminas y minerales.
- Lácteos: leche
o yogur o queso por su contenido en
proteínas y calcio, vitamina A, D y
vitaminas del grupo B.
- Fruta:
contiene hidratos de carbono de absorción
rápida, agua, vitaminas, minerales y fibra.
- Otros: queso,
jamón… ricos en proteínas de alta calidad.
En total el
desayuno debe suponer entre el 20 y el 25%
de las calorías ingeridas a lo largo del
día.