Ante estas
evidencias... ¿por qué dejamos que pase el
tiempo y no hacemos nada? La receta no es
ningún misterio, aunque tampoco es universal
ya que, dependiendo de factores como el
peso, la edad o la actividad, se necesitará
un mayor o menor aporte de determinados
nutrientes. Pero existe una base estándar
sobre la que se mueven todas esas
variaciones: comer entre cuatro y cinco
veces al día, dedicar tiempo a las comidas
principales, volver a disfrutar de las
verduras frescas y de las legumbres, no
abusar de la carne y elegir las menos
grasas.
Debemos comer pescado tres veces a la
semana, beber entre un litro y medio y dos
litros de agua diarios, y no olvidarnos de
los lácteos (preferentemente yogures o
quesos bajos en grasas). No debemos abusar
de los dulces y de los alimentos preparados,
hay que reservalos sólo para ocasiones
aisladas. El aceite de oliva no se debería
remplazar por ninguna otra grasa. Pero, por
encima de todas estas pautas maestras, hay
una regla aún más sabia: la variedad, que
asegura el correcto aporte de todos los
nutrientes necesarios para nuestro
organismo.