Por ello, las
células de mañana están hechas de lo que
comemos hoy... Si tenemos en cuenta que, a
partir de los 40 años, perdemos alrededor de
100.000 neuronas al día, más nos vale
alimentarlas de forma inteligente. Nuestro
cerebro, para no agotarse, necesita 40
sustancias: 13 vitaminas, 15 minerales y
oligoelementos, 8 aminoácidos y 4 ácidos
grasos esenciales. Si le falta un nutriente,
se puede producir un cortocircuito. Si
comemos bien podremos explotar nuestra
inteligencia de forma óptima y paliar los
fallos de concentración o memoria y los
ataques de fatiga.
Para poder funcionar correctamente, nuestro
cerebro consume el 20% del oxígeno que
respiramos y el 40% de los hidratos de
carbono que ingerimos en nuestra dieta.
Además, gasta cinco gramos de glucosa cada
hora, el equivalente a un terrón de azúcar.
El secreto de una buena energía cerebral
reside en que el nivel de glucosa en la
sangre sea constante. La atención y la
concentración pueden estimularse mediante
una mejor aportación de hidratos de carbono
lentos: pan, arroz, legumbres...
El bajón de mediodía no es más que una
hipoglucemia debida a una falta de azúcar en
la sangre, al igual que la falta de
concentración y las dificultades para
memorizar, explica el doctor J. Bourre,
investigador francés y autor del libro La
dieta del cerebro, aún no publicado en
España. Pero para poder quemar esa glucosa,
el cerebro necesita vitamina B1 y proteínas
en cada comida.