Los caracoles poseen entre 5
a 6 veces más
proteínas que la carne de vaca, casi nada de
colesterol y además otros elementos
importantes para nuestra dieta como zinc,
cobre, magnesio, manganeso y hierro.
Seguramente por
estas condiciones el caracol es un plato muy
apreciado en algunos países europeos. En
Francia, por ejemplo, sus habitantes
consumen en promedio un kilo per cápita al
año de este molusco.
Además de
sus ventajas nutritivas, el caracol tiene
otras propiedades sorprendentes. Desde hace
miles de años los escritos de medicina
hablan de las bondades de la baba del
caracol en la curación de los males
sangrantes del estómago, es decir de las
úlceras.
"Esto se debe a la presencia de una
sustancia llamada limasina que es una
combinación de aminoácidos".
De acuerdo con
estudios, este producto tiene la propiedad
de reconstituir la mucosa del estómago, es
decir la capa de revestimiento interno de
este órgano. Este mismo principio es
utilizado en Francia como fundamento en la
elaboración de pomadas para tratar úlceras
de la piel y también de jarabes para la tos
ya que reconstituyen el epitelio dañado de
la laringe y los bronquios.