Ambos
constituyen un complemento idóneo de nuestra
dieta, y resultan particularmente apropiados
cuando hacemos deporte de larga duración o
esfuerzos físicos intensos. Pero tanto unos
como otros están desaconsejados para quienes
siguen dietas bajas en calorías o sufren
problemas digestivos. Y las frutas desecadas
deben ser evitadas por los diabéticos y en
algunos casos pueden causar alergias en
quien las consume.
Los frutos secos
son semillas pobres en agua y ricas en grasa
(es el caso de los oleaginosos : nuez,
anacardo, almendra, avellana, pipas de
girasol, cacahuete...) o en un hidrato de
carbono complejo, el almidón (es el caso de
bellotas y castañas).
Frutas desecadas
Durante la
desecación de la fruta fresca, su contenido
en agua se reduce, lo que da lugar a la
concentración de los nutrientes. El valor
calórico de las frutas desecadas es elevado
(desde las 163 calorías cada cien gramos de
las ciruelas secas a las 235 calorías de los
orejones de albaricoque) por su abundancia
(50%-60%) en hidratos de carbono simples.
Son buena fuente de potasio, calcio, hierro
y de provitamina A, tiamina o B1 y niacina o
B3, aunque el empleo de compuestos azufrados
en la desecación destruye la vitamina B1. Su
contenido en fibra soluble les confiere
propiedades laxantes y permite que la
liberación del azúcar en la sangre se
realice gradualmente, proporcionando energía
de un modo constante y evitando que los
niveles de glucosa en sangre aumenten
bruscamente. La ciruela y los dátiles
desecados, por su gran cantidad de fibra
insoluble (celulosa), son muy eficaces para
tratar el estreñimiento. Esta fibra
contribuye también a reducir la tasa de
colesterol.
Frutos secos:
mucha grasa
Más de la mitad
del contenido de los frutos secos son
lípidos (grasas) con predominio de los
saludables ácidos grasos insaturados: ácido
oleico (en mayor cantidad en almendras y
avellanas) y ácido olinoléico (abundante en
cacahuetes y nueces). La excepción es el
coco, en el que son mayoritarias las grasas
saturadas. Los frutos secos son ricos en
ácidos grasos esenciales, que el organismo
humano es incapaz de sintetizar y que
resultan imprescindibles para la formación
de membranas celulares, particularmente en
las células nerviosas. El contenido mineral
de los frutos secos es superior al del resto
de frutas, y destacan en magnesio, fósforo,
potasio, calcio y hierro, y oligoelementos
como zinc y selenio (ambos, con acción
antioxidante). En cuanto a vitaminas,
carecen en general de vitamina C pero son
ricos en B1 o tiamina, niacina o B3 y
folatos. Y constituyen una de las fuentes
vegetales más abundantes en vitamina E. Pero
parte de la vitamina B1 y de la E se
destruyen en el proceso de tostado. Aportan
proteína (almendras, cacahuetes y pipas de
girasol, más del 20%) y fibra en cantidades
considerables, lo que favorece la movilidad
intestinal y combate el estreñimiento.
Hay que
masticarlos bien
Su gran
contenido de grasas prolonga el tiempo de
digestión de los frutos secos y puede
provocar diarreas si el consumo es
importante. Tanto frutos secos como frutas
desecadas exigen una buena masticación y
siempre pueden resultar indigestos si se
padecen problemas digestivos. Para aumentar
su digestibilidad, conviene comerlos crudos
o poco tostados (no fritos), no ingerir más
de 50 gramos y masticarlos bien.
Las frutas
desecadas, por su elevado aporte de
azúcares, han de evitarse si se tiene
diabetes. Y si se comen habitualmente
favorecen la aparición de caries dental. Se
recomienda, por tanto, el cepillado
inmediato de los dientes después del consumo
de frutas desecadas. Otro posible
inconveniente de las frutas desecadas
industrialmente y tratadas con derivados
sulfurados, es que estos compuestos pueden
causar reacciones alérgicas en personas
sensibles.
Frutos secos,
alimentos cardiosaludables
La dieta que
incorpora frutos secos en general y nueces
en particular puede ejercer un efecto
preventivo de las enfermedades
cardiovasculares. Cacahuetes salados, pipas
saladas y coco no son beneficiosos ante
estas patologías. El consumo habitual y
moderado de frutos secos reduce los niveles
de colesterol LDL (colesterol malo), aumenta
el colesterol HDL (beneficioso) y protege
frente al desarrollo de arteriosclerosis.
Con la finalidad de que su consumo no
desequilibre el aporte calórico, es
conveniente un asesoramiento dietético, ya
que dicho beneficio es mayor si se
incorporan los frutos secos a una dieta
equilibrada como sustituto de alimentos
ricos en grasas saturadas: mantequilla,
lácteos enteros, embutidos y productos de
bollería.
Por su riqueza
en proteínas de alto valor biológico, los
frutos secos deben formar parte de la dieta
vegetariana, pues bien combinados con otros
alimentos (lácteos, cereales o legumbres),
constituyen una de las principales fuentes
de este nutriente. No obstante, los frutos
secos, y particularmente los cacahuetes,
pueden producir alergias; y debido a su gran
contenido en grasa, las personas con
problemas en la vesícula biliar y en el
páncreas o con dificultad para la absorción
de grasa, no deben consumir con frecuencia
los frutos secos más grasos, como nueces
(59% de grasa), avellanas (54%), almendras
(53%) y pistachos (52%). Los menos grasos, y
únicos que bajan del 40% de lípidos, son
castañas (2%) y dátiles (0,2%).
La mejor
conservación
Para lograr una
perfecta conservación, hay que guardarlos en
frascos de cristal bien cerrados y en un
lugar fresco, seco y protegido de la luz y
de los insectos. No deben conservarse en
bolsas de plástico, ya que acabarían
enmoheciéndose. Es preferible comprar los
frutos secos en pequeñas cantidades y con su
propia cáscara, pues mantienen mejor sus
propiedades nutritivas y se conservan
durante más tiempo que los pelados. Cuando
más sabrosos se encuentran es ahora, en
otoño y principios de invierno. Evitemos los
que presentan moho en la cáscara o en la
semilla. La aflatoxina (toxina producida por
un hongo), que fue descubierta en el
cacahuete, puede perjudicar la salud.
Frutos secos,
uno a uno
Almendras.
Contienen en su composición una sustancia
denominada amigdalina, que da lugar al ácido
cianhídrico, un elemento tóxico. Sin
embargo, su riesgo de toxicidad es bajo y
desaparece con el tratamiento térmico. Este
compuesto aparece en las almendras amargas,
proporcionando el sabor de las mismas. Las
almendras dulces contienen pequeñas
cantidades del mismo cuando están verdes, y
va desapareciendo con la maduración.
Anacardo.
Las semillas se comen tostadas, y son muy
ricas en magnesio. Avellana. La mayoría de
los lípidos de la avellana son
monoinsaturados, fundamentalmente ácido
oleico. Al someter a presión en frío este
fruto seco se obtiene el aceite de avellana,
que es blanco y de agradable sabor.
Cacahuete.
Aunque botánicamente se trata de una
legumbre, su composición nutritiva se
asemeja más a la de los frutos secos y es
por ello que se incluye en este apartado. El
cacahuete o maní contiene principalmente
ácido oleico y una proporción importante de
ácidos grasos poliinsaturados. Los
cacahuetes fuertemente tostados se emplean
como sucedáneos de café.
Castaña.
La composición de la castaña se asemeja más
a la de los cereales que a la de los frutos
secos, ya que a diferencia de los últimos,
la castaña es rica en hidratos de carbono
complejos. El contenido en agua alcanza un
porcentaje cercano al 50%. Con todo ello, la
castaña es uno de los frutos secos menos
calóricos (contiene menos de la mitad de
calorías que el resto).
Coco. Se
caracteriza por su elevado contenido en
ácidos grasos saturados, por lo que su
consumo está contraindicado para quienes
padecen enfermedades cardiovasculares, ya
que este tipo de grasa favorece el
incremento de los niveles de colesterol
sanguíneo.
Nuez. Es
especialmente rica en ácido alfa-linolénico,
un ácido graso de la serie omega 3, como los
de la grasa del pescado azul; con
reconocidas propiedades cardiosaludables.
Piñón. Se trata del fruto seco más rico en
grasa. Esta particular composición hace que
se enrancie rápidamente, y más aún en
presencia de oxígeno (aire), luz y altas
temperaturas. Pipas de girasol. La sal
añadida es un inconveniente para las pipas
de girasol. Siempre que sea posible, lo
preferible es consumirlas sin sal y no deben
consumirse "además de" la dieta habitual,
sino en sustitución de otros alimentos
grasos. Pistacho. Es uno de los frutos secos
con mayor cantidad de fibra y también el más
calórico, junto con la nuez y el piñón.