La elección de
un buen calzado es fundamental. Debe ser de
piel, para que nuestros pies puedan
transpirar, y cómodo. Siempre hay que elegir
un zapato adecuado a la horma de nuestro pie
y evitar las puntas estrechas, que son las
grandes responsables de la aparición de
juanetes. La mejor manera de comprar
zapatos, es probarse ambos, con medias o
calcetines, andar y mover el pie cuanto sea
necesario para comprobar que son cómodos. Si
no es así, lo mejor es no comprarlos. No hay
que olvidar que siempre ha de quedar un
centímetro y medio entre el extremo del dedo
más largo y el del zapato.
Si se trata de comprar zapatillas
deportivas, el mejor truco es doblar la
punta sobre el talón. Si como mucho se
consigue doblarlas una tercera parte, es que
cuentan con la flexibilidad adecuada. Si al
retorcerlas como cuando se estruja un paño
no hay problema, quiere decir que poseen
buena estabilidad lateral, y que no
favorecerán las torceduras. En verano
debemos utilizar, en la medida de lo
posible, sandalias para asegurar así que
nuestros pies tengan una buena
transpiración. Es muy recomendable cambiar
de calzado varias veces al día, alternando
diferentes alturas del tacón.
Es conveniente lavar a diario los pies y
secar bien los dedos, así como cortar
regularmente las uñas, siempre rectas, para
evitar que se encarnen. También es
aconsejable espolvorearlos con talco. Hay
que utilizar siempre medias o calcetines de
fibras naturales y cambiarlos a diario, ya
que aparte de impregnarse del olor de
nuestros pies, se ponen tiesos y luego rozan
la piel.
Lo mejor, andar descalza
El mejor ejercicio para nuestros pies es
andar descalzo, ya sea por casa, sobre el
césped o en la arena de la playa. Otras
opciones son andar de puntillas, saltar a la
comba, mover los dedos y hacer rotaciones de
tobillo, o intentar coger objetos con los
pies. Un ejercicio muy bueno y que
proporciona un agradable masaje es hacer
rodar una pelota de tenis bajo los pies
desde la punta de los dedos hasta el talón.
Después del baño se debería aprovechar la
ocasión para limar con cuidado todas las
callosidades con la piedra pómez. Para
finalizar es conveniente darse un masaje con
crema hidratante o aceite corporal, tanto en
los pies como en las uñas. Pero si a pesar
de estos cuidados, los pies siguen estando
doloridos a causa de las temperaturas
elevadas o como consecuencia de la jornada
laboral, lo mejor es darse un masaje,
durante diez días y siempre por la mañana,
de dos minutos de duración aproximadamente y
con aceite de oliva.
En el caso de
que el problema sean los sabañones, se
pueden mejorar realizando un baño de pies
durante 15 o 20 minutos en agua caliente, a
la que se debe añadir un par de cucharaditas
de mostaza inglesa. Pero cuando se trata de
verrugas, callos, juanetes o uñeros, lo que
se debe hacer es acudir a un especialista,
ya que recurrir a lociones o ungüentos, o
cortar las callosidades por cuenta propia
puede perjudicar los pies, más que
favorecerlos.
Otra de las enfermedades más graves con la
que nos encontramos es el llamado pie de
atleta, una infección causada por hongos que
produce picazón y grietas en la piel. Puede
aparecer como si fueran pequeñas ampollas o
descamación de la piel. Es una enfermedad
contagiosa y se puede contraer simplemente
al estar en contacto con el piso de los
baños públicos, por ejemplo. Para prevenir,
lo mejor es usar sandalias y acudir cuanto
antes al especialista.
El truco de los guisantes
Para devolver a nuestros pies la
flexibilidad que tenían antaño, podemos
recurrir al truco de los guisantes. Dado que
no siempre podemos caminar descalzos sobre
los guijarros que se encuentran a la orilla
de un río, lo que constituye el ejercicio
principal para fortalecer nuestros pies, en
su defecto podemos poner en el fondo de las
zapatillas de andar por casa unos pocos
guisantes secos, garbanzos o piedrecillas
pulidas y caminar con ellas unos diez
minutos al día. Entre otras ventajas,
lograremos aumentar las defensas contra los
catarros y otras enfermedades respiratorias.
El masaje es
otra buena opción. La manera de hacerlo
podría ser friccionando cada dedo por
separado y flexionándolo a la vez desde la
uña a la base, para pasar luego a masajear
con el pulgar la planta mediante movimientos
fuertes y enérgicos desde los dedos y hasta
el talón.
Otra posibilidad, en caso de permanecer todo
el día sentado, es guardar bajo la mesa del
despacho un par de pelotas de tenis y
aprovechar cuando el jefe no nos ve para
descalzarnos y presionar esas pelotas con
ambos pies, a lo largo y ancho de las
plantas, durante diez minutos. De ese modo
se activa la circulación sanguínea y se
fortalecen sus pies.
Por lo que
respecta a las uñas de los dedos de los
pies, requieren cuidados similares a las de
las manos. Una pedicura bien hecha mantendrá
los pies sanos, limpios y, sobre todo,
bonitos. Primero hay que cortar y limar las
uñas en cuadrado para que no se encarnen.
Luego, ablandar las durezas y los pellejitos
con una crema hidratante, y a continuación
es conveniente retirar las cutículas hacia
atrás, pero sin cortarlas. Siguiendo estos
pasos conseguiremos una pedicura perfecta
que dejará nuestros pies sanos y bonitos.