Los cigarrillos
sólo reportan beneficios a las compañías
tabaqueras. Al resto de los mortales les
dañan los pulmones, les destrozan la piel,
les causan arrugas y les ataca el
presupuesto.
La nicotina reduce el aporte de oxígeno a
las células, ahogándolas y contribuyendo a
empeorar la circulación. Cada calada supone
una auténtica descarga de veneno en el
cuerpo, que entorpece el funcionamiento del
sistema linfático y, con ello, empeora la
eliminación de toxinas. ¿Hacen falta más
razones para dejarlo de una vez por todas?