Uno de sus extremos se
moldeba para que quedara en forma de
filamentos suficientemente suaves para ser
soportados por las encías. Eran herramientas
ásperas cuyo efecto era muy similar al de
los palillos de dientes. Algunas tribus de
nativos de Australia y África aún usan estos
rudimentarios cepillos para mantener limpia
su dentadura.
Grecia y Roma
Las civilizaciones de la Antigüedad también
tuvieron sus particulares formas de cuidar
sus dientes. Plino el Joven (61-113 D.C)
afirmaba que utilizar el añón de una pluma
de buitre para limpiar los dientes podía
producir halitosis, y sin embargo le gustaba
una púa de puerco-espín porque según él
"mantenía los dientes firmes".
Grecia fue, como en todo, más avanzada.
Aristóteles, por ejemplo, aconsejaba a
Alejandro el Grande que diera cada mañana un
masaje a sus dientes con un paño fino de
lino que fuera ligeramente áspero.
El primer cepillo
Fueron los ingleses quienes legaron a
nuestra civilización el primer cepillo de
dientes moderno. El mango estaba hecho de
hueso y los filamentos se fijaban en el
extremos, a través de unos pequeños
orificios.
Viaje a la Luna
En el siglo XX este utensilio sencillo pero
fundamental alcanzó nuevas cumbres y en 1969
viajó por primera vez a la Luna. Neil
Armstrong utilizó un
Oral-B Classic TM minutos antes de
decir eso de: "un pequeño paso del
hombre, un gran paso para la Humanidad"