Cada uno de los
soportes que utilizan las fórmulas de
tratamiento cosmético están creados para
aplicar en los diferentes tipos de piel:
normal, grasa o seca.
De esta forma las cremas serán la mejor
opción para las pieles secas y maduras, los
fluidos y geles para las jóvenes y pieles
grasas y los sérums para los tratamientos de
choque en pieles maduras o envejecidas.
Sin embargo el
cutis es tan especial que en un mismo rostro
pueden aparecer hasta dos diferentes tipos
de piel al mismo tiempo o una piel que en un
clima determinado es seca transformarse en
mixta sometida a otra temperatura.
A cada piel,
su crema
Asimismo en el
contorno de los ojos donde la piel siempre
es más fina y delicada hay que elegir una
textura más absorbente, generalmente en
solución de fluido o gel por el día mientras
que de noche permite otra fórmula más rica
en soporte cremoso. Algunos síntomas definen
la tipología epidérmica.
La normal o equilibrada a
simple vista ofrece un aspecto hidratado y
compacto. Con las numerosas transformaciones
que sufre el organismo, es prácticamente
imposible mantener dicha normalidad de por
vida. Sin embargo, para conservar su
equilibrio es importante tratarla según la
edad. En la juventud basta aplicar una crema
hidratante de día y una nutritiva ligera de
noche. Si la piel es madura, conviene además
utilizar un producto antiedad.
La piel seca: Generalmente
tiene poros finos, luce un tanto opaca y es
más propensa a agrietarse. Este tipo de
cutis no posee humedad, por lo que debe
evitarse el uso de jabones que incrementen
la resequedad. Los desmaquilladores deben
ser hidratantes y calmantes. La epidermis
seca envejece con mayor rapidez por lo que
se debe incluir en la rutina diaria el uso
de productos nutritivos que siempre aparece
en versión crema o fluidos densos y tensores
en textura gel acuoso o sérum.
La piel grasa. Las glándulas
sebáceas producen en exceso, lo que ocasiona
la obstrucción de los poros. La ventaja de
este tipo de piel es que envejece con mayor
lentitud aunque es más propensa que las
secas al aflojamiento. Requiere de una
higiene escrupulosa además de un tratamiento
permanente de hidratación y nutrición
obviando los productos que contengan aceites
en sus fórmulas La exfoliación y el uso de
mascarillas purificantes son excelentes
agentes de control.
Cosmética de
todo tipo
Las necesidades
de las pieles maduras son muchas. Necesitan
dosis elevadas de hidratación y nutrición,
además los cosméticos de tratamientos
antiarrugas y tensores tienen que aplicarse
habitualmente y, con cada cambio de estación
necesitan un tratamiento de choque para
recibir estas modificaciones debidamente
preparada.
En este caso la
textura más indicada para todos los
productos son las cremas enriquecidas y algo
untuosas, aunque no grasientas y también los
sérums. Sus problemas ocurren porque la
película hidrolipídica que protege la piel
de la evaporación de la humedad natural se
afina, y la piel se seca y deshidrata. Es
imprescindible restaurar esta barrera con
cremas que impidan la pérdida de agua. Cada
vez produce menos colágeno y elastina, lo
que acelera la reducción de firmeza y
elasticidad. Por eso resulta tan necesario
aportar estos principios activos a través de
las cremas, especialmente por la noche,
cuando la piel está más activa y la
regeneración celular se acelera.
La microcirculación cutánea también se
ralentiza, dando un aspecto apagado a la
piel, y puede llegar a provocar la aparición
de venitas rojas (cuperosis).