Con las buenas
temperaturas pasamos más tiempo al aire
libre y disfrutando de la naturaleza. A
simple vista, lo que ofrece el sol resulta
gratificante: nos da optimismo, reconforta y
nos proporciona un tono dorado favorecedor.
Pero tan sólo 10 minutos de paseo sin
protección pueden ser dañinos. Los signos
más evidentes de ese deterioro en la piel
son un cutis apagado, sequedad y
descamación.
Estar al sol o recibirlo de refilón de
manera continua, incluso desde la sombra,
tiene su contrapartida. Lo más 'leve' es el
ataque constante de los radicales libres
contra la piel que producen su
envejecimiento prematuro; lo más 'grave' es
el eritema, la sensibilización de la piel y
las enfermedades -cánceres incluidos- que
pueden aparecer en el futuro.