Los UVB:
deshidratan, atacan el núcleo de las
células, queman la superficie y pueden
producir lesiones malignas a largo plazo.
Los
UVA, y en especial los UVA cortos,
actúan en profundidad, envejecen y alteran
las fibras de colágeno y elastina.
Los
infrarrojos (IR) potencian el efecto
de los anteriores y liberan gran cantidad de
energía calorífica sobre la piel, que puede
alcanzar los 41 o 42º a pleno sol.
Tu factor
de protección:
El índice que
aparece en los envases de los solares
determina el tiempo que puedes pasar al sol
sin eritema: cuanto más alto, más seguro.
Para reconocer
el adecuado, solo hay que multiplicar el
tiempo que tardas en quemarte por el número
en cuestión. Si tardas 10 minutos y el SPF
es 4, podrás pasar 40 minutos a la
intemperie sin sufrir las consecuencias.
La hora y
el lugar:
El índice de
protección no solo viene determinado por la
capacidad de la piel para defenderse de las
radiaciones. Su elección debe tener en
cuenta el lugar y la hora de la cita con el
sol. Valora las siguientes variables:
- La nieve
refleja el 80% de los ultravioleta, la arena
el 34% y el agua, el 5%.
- Desde las 12.00 hr. a las 16hr, es cuando
se alcanza la mayor intensidad de UVB, los
rayos que más queman.
- Cuanto mayor es la altitud, los rayos son
más intensos porque hay menos atmósfera para
filtrar su energía.
- A medida que nos acercamos al Ecuador, las
radiaciones son más verticales y por tanto,
más peligrosas.